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Autoregistros y Autorefuerzo PDF Imprimir E-mail
Escrito por Claudio M. Trivisonno   
13.05.2006
La mayoría de los tratamientos de modificación de conducta implican: a) Tareas que se le encargan al paciente para el hogar, y b) El registro de dichas tareas. Por ejemplo a un cliente al que se le encargan diversas actividades de exposición se le pide también que lleve un registro de dichas actividades, en ese registro algunos datos que no suelen faltar son, la actividad misma, los niveles de ansiedad antes/durante y después de la actividad, etc.
 
En mi calidad de terapeuta ultra-novato (ahora creo estaría en una fase de “novato”), nunca valore lo suficiente el cumplimiento de dichos registros, y sabia a ciencia cierta que dicho cumplimiento se presentaba como todo un desafío para la mayoría de los terapeutas.
 
Los registros son necesarios por varios motivos expuestos lo suficientemente en los diversos manuales que circulan de modificación de conducta. Una verdad de Perogrullo resulta el hecho que sin dichos registros es imposible (o al menos muy difícil) llevar adelante eficazmente un tratamiento.
Así que como buen estudiante yo seguía las indicaciones de los manuales, hacia firmar contratos en donde figurase este punto, llamaba por teléfono a los clientes  durante la semana para preguntar sobre las actividades encargadas y de paso, por supuesto volver a insistir que quería los registros de dichas actividades en la próxima consulta.
 
A lo que sinceramente nunca le preste importancia es a la construcción prolija de los registros, su presentación encuadernada y con formato tal que facilite la puntuación de los datos. Mucha menos importancia le prestaba a la conformación de gráficos que, en una instantánea,  muestren la evolución del cliente.
 
Ahora bien, me sucedía que en muchos casos de clientes que realizaban correctamente los ejercicios de exposición, e incluso que se encontraban muy avanzados dentro del tratamiento, solían acudir a la consulta con problemas tales como la siguiente, cabe aclarar es una historia ficticia, que sirve como ejemplo:
 
Cliente: Esta semana no fue una buena semana para mi.

Terapeuta: ¿No? ¿Porque me dice eso?

Cliente: Volvió a darme otro ataque de Panico.

Terapeuta: Bien, cuénteme por favor…

Cliente: En el supermercado, cuando entre y vi la cantidad de gente que había ya comencé a ponerme nervioso, después sentí palpitaciones muy fuertes y un mareo, me dio la sensación que podía desmayarme.

Terapeuta: ¿Como termino la situación?

Cliente: Continué las compras, se me intensificaron los síntomas en la cola, una vez que pague y salí del supermercado de a poco se me fue pasando, me quede sentado un rato en el auto hasta que pude salir hacia mi casa. Ese día sin embargo permanecí intranquilo, y preocupado, aun lo estoy me volvió a pasar.
 
Lo que siempre me impacto de los muchos clientes en los que veo este tipo de comentarios, es el gran déficit que tienen en reforzarse a  si mismos. Estos clientes suelen acudir muy contentos a la consulta cuando “nada les ocurrió” durante la semana, y muy preocupados cuando se presenta una situación como lo anterior.

Sin embargo desde la perspectiva del tratamiento lo interesante es precisamente que ocurra lo que señala el ejemplo, que “pasen cosas” (en términos de exposición a los estímulos temidos) y el cliente puede completar el ejercicios de exposición, o afrontar la exposición “a  pesar de…”
 
En el caso anterior uno hubiese esperado quizás que el cliente se repita frases (conducta verbal privada) como “lo   hiciste”,  “lo logre”, “pude superarlo”, “estuve mal y no me paso nada, pude manejar la situación”.
 
Y a este punto quería llegar el registro adecuado de los datos de las exposiciones, con planillas prolijamente diseñadas, y la construcción de gráficos que muestren la evolución del paciente  son herramientas indispensables como refuerzo de las actividades de exposición que se encargan al paciente.
 
Si uno piensa detalladamente en que consiste un tratamiento conductual para un problema de ansiedad resulta un poco gracioso: le estamos pidiendo a un cliente que:

1)      Abandone la “fuente” de refuerzo que le proporcionaban los “síntomas” (en rigor las conducta problema).

2)      Que se exponga diariamente actividades y ejercicios más o menos aversivos.

3)      Y todo ello en busca de consecuencias  en  extremo diferidas.
 
En estas condiciones más que preguntarnos porque un cliente nos abandona, es más lícito preguntarnos ¿Por qué no lo hace?
 
En este sentido los registros, permiten un monitoreo constante del progreso por parte del paciente, nosotros podemos incluso en la sesión presentar graficas que muestren la evolución, y fundamentalmente los datos de las experiencias “adversas” que han  podido ser superadas, el cliente no solo puede apreciar como “evoluciono”, en términos de reducción de las conductas problema, sino además como “evoluciono” en términos del afrontamiento exitoso de las situaciones de exposición.  
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