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1- La Psicología: Una Ciencia sin Paradigma. La historia de la psicología no ha sido otra cosa que la crónica de sus refundaciones. Cualquier obra que compendie el último siglo nos ofrece esta perspectiva. Cada nueva escuela pareció contar con respuestas ante las limitaciones de sus predecesoras aportando la promesa de ensanchar los horizontes de la investigación.
Desde una perspectiva kuhniana no sería excesivo calificar al actual desarrollo de la disciplina en su conjunto, de pre-paradigmático, al no haber arribado la comunidad científica al presente, a ciertos acuerdos básicos con respecto a las características de su objeto y a consecuentes cuestiones metodológicas derivadas. Si bien es cierto que dificultades de esta naturaleza no son patrimonio exclusivo de la psicología, que éstas responden al estado general de desarrollo de las denominadas ciencias humanas , no es menos cierto que los problemas de nuestra disciplina tengan un perfil propio. Desde ya, el mero hecho de situar su nacimiento puede resultar polémico. Me inclino a suponer que una ciencia no se constituye como tal por el solo hecho del empleo del método experimental. Es necesario definir que eventos quedarían comprendidos disciplinariamente, su legitimidad, y evidentemente su especificidad con respecto a otras ramas del conocimiento científico. Es en este sentido que entiendo históricamente adecuado situar el inicio de la etapa científica de la psicología en 1913, con el artículo de J. B. Watson "La Psicología tal como la ve el conductista". Esto no significa que antes de esa fecha no hubiese existido producción alguna. Los trabajos de G. Fechner y W. Wundt (por citar algunos) implicaron, por cierto, un intento de adecuar el método experimental al estudio de la psicología, lo que sin duda ha resultado un aporte para su desarrollo. Las principales limitaciones de esas producciones (como así también de otras tantas), han radicado en problemas de definición de objeto conjuntamente a la incorporación a los proyectos, de problemas espurios, ajenos al quehacer de la disciplina. Creo que Marc Richelle es claro al momento de ilustrar este punto. "Sabemos que la psicología del siglo XIX, aún cuando había adoptado los principios metodológicos de la ciencia, continuó teniendo como objeto de estudio la vida mental, el psiquismo. Y a pesar de su esfuerzo por conseguir un rigor experimental y de su preocupación por la medida, siguió siendo tributaria del método introspectivo. (...) Su preocupación por la vida psíquica no se apartaba fundamentalmente de la antigua psicología de las facultades del espíritu. Esta curiosa amalgama se debía a varias causas, principalmente al pasado filosófico aún muy cercano, a la contaminación del lenguaje corriente, a la confianza en la lucidez de la conciencia, y a una concepción general del hombre que veía en su espíritu el origen de sus actos." (M. Richelle, 1977/1981) Estos problemas responden secundariamente a una cuestión metodológica. La cuestión central radica en la formulación de problemas que hace a la naturaleza en sí del proyecto. Ninguna ciencia parte de un vacío de saber, mucho menos la psicología. No hay un tema que haya suscitado tanto interés y del que se haya producido tanto como el hombre y su propio accionar (y esto es un hecho patente en la cultura). El tratamiento que en occidente han tenido las conceptualizaciones acerca del hombre, ha estado pautadas por el dualismo. El efecto que ha tenido ha sido descrito de un modo brillante por G. Ryle (1949/1967) como "el dogma del Fantasma en la Máquina". Este dogma ha afectado toda producción referente al hombre y de un modo muy particular, el modo de concebir lo "psíquico".
Es en este sentido que ha resultado relevante la novedad conductista. No por haber solucionado todos los problemas, sino por haber puesto a la psicología en un camino viable (por amplio y sinuoso que éste pudiera ser).
La cuestión no ha pasado exclusivamente (ni pasa), por resolver problemas (plano eminentemente empírico), sino en formularlos de un modo en que esto sea posible (aspectos teóricos y conceptuales). 2- La Conducta como "Ejemplar". La sucesión pre-paradigmática a la que hacía referencia, se ha visto agravada en ocasiones, por la indiferenciación (aparente), de la naturaleza y alcances de los proyectos, modelos y teorías involucrados. El panorama global de la psicología actual, lamentablemente, no está constituido exclusivamente por proyectos disciplinarios. Ni siquiera es un hecho patente y palpable el valor o la importancia de la psicología como una ciencia.
Pese a todo, hoy en día no resulta tan polémico afirmar que la psicología estudia el comportamiento. O al menos, se aduce, se parte de éste, para intentar abordar fenómenos que estarían "detrás" o "más allá" del mismo. Lo cierto es que la conducta se ha constituido en una instancia ineludible, como indicador al menos, lejos de suponer una adscripción al conductismo como filosofía de la psicología.
De hecho, se podría incluso afirmar que de un modo u otro, todas las teorías contemporáneas en psicología son conductistas.
"Como filosofía de la ciencia, el conductismo irrumpió en la escena psicológica dotando a esta disciplina de un objeto propio de conocimiento. La conducta cualesquiera sea la conceptualización que se le haya venido dando a lo largo de este siglo, constituyó el objeto de estudio que le daba especificidad como disciplina científica a la psicología. Y es por ello, que la psicología científica quedó marcada por el conductismo. Aún aquellos que se declaran anticonductistas tienen que aceptar que sus argumentos giran en torno a la demostración de que la psicología estudia 'algo más' que la conducta, y que este 'algo más' forzosamente debe tomar en consideración, como indicador empírico inevitable, a la conducta. Constituyen la gran legión de los conductistas metodológicos, unos de ellos conscientes de su condición, otros todavía vergonzantes de ella." (E. Ribes, 1982)
La construcción de un campo de eventos a ser abordados no es solo un ejercicio de naturaleza semántica, ni tampoco se logra de modo definitivo en un momento determinado, partiendo de una propuesta o un manifiesto, por brillantes que éstos pudieran ser. Sus derivaciones tienden a ramificarse a partir del inevitable margen de indefinición propia de un postulado inicial. Un punto de partida da lugar a diferentes posibilidades de desarrollo, sin necesariamente entrar en conflicto con éste.
Sin ir más lejos, la propuesta watsoniana ha dado lugar a imprevisibles derivaciones históricas. Incluso Pérez Álvarez sostiene que paradójicamente, las versiones neo-conductistas caracterizadas por el empleo de variables intervinientes y constructos hipotéticos que han dado lugar a la lógica argumentativa del cognitivismo, han sido los descendientes directos del conductismo watsoniano en su afán metodológico. (Pérez Álvarez, 1996)
La progresiva definición de los eventos abordados es una actividad complementaria e indisociable a la investigación empírica. Desde un punto de vista teórico y conceptual, ésta resulta acompasada con el progresivo destierro de mitos culturales y nociones derivadas. Éstos últimos forman parte del contexto socio-cultural en el cual surge y se desarrolla el proyecto disciplinario (L. W. H. Hull, 1959/1978), contexto en el cual está necesariamente inmersa la comunidad científica. (T. S. Kuhn, 1962/1996)
Viejas concepciones y formulaciones son sustituidas por otras más heurísticas. El desarrollo del conocimiento científico no es una acumulación continua y armónica. La crisis que experimentó en las décadas de los 60 y 70 la psicología conductual, a partir de la cual se incorporan aportes desde las perspectivas cognitivas, debe ser entendida en este sentido. Constituye una instancia de reformulación de modelos teóricos y categorías analíticas, apreciables y aparentes con una cierta perspectiva histórica.
3- Soluciones y Problemas: El Salto Cognitivo.
M. Mahoney en su influyente "Cognición y modificación de la conducta" identifica el fin de lo que denomina "la inquisición cognitiva" con el advenimiento de los modelos mediacionales. Éstos tienen en común el postular la inferencia como un recurso legítimo (por analogía al empleo dado en otras disciplinas como la física y la biología), constituyéndose en un instrumento regio en la investigación de fenómenos, eventos o estructuras situados conceptualmente entre el estímulo y la respuesta. En este sentido Mahoney agrupa las distintas propuestas a las que hace referencia, en tres modelos mediacionales en función de diferencias metodológicas, de sistematización empírica y de la naturaleza de lo inferido.
"Nos encontramos con un exceso de modelos que pretenden integrar adecuadamente y predecir los principios de la conducta humana compleja. En verdad, como frecuentemente señalan los científicos de otras disciplinas, los psicólogos parecen tener una fuerte inclinación por la construcción de modelos." (Mahoney, 1974/1983) Esta área de investigación sería crucial al momento de superar las limitaciones de los modelos de condicionamiento. La importancia de esta obra radica en el impacto en el sentido de legitimación metodológica que hasta el momento no habían gozado en tiendas conductuales, las perspectivas cognitivas. Marino Pérez Álvarez (1996) menciona la influencia del citado autor, y sitúa otra referencia histórica en W. F. Brewer (1974), quien postula que el condicionamiento (clásico y operante) en seres humanos esta mediado por la conciencia de la situación y el auto-conocimiento. De un modo lúcido Pérez Álvarez no deja de admitir que "El 'problema' de Brewer es el asunto del lenguaje como conducta verbal." Los modelos cognitivos no tuvieron su origen a finales de los sesentas y comienzos de los setentas, esta etapa marca la incorporación a la Modificación de la conducta, con cierto sustento metodológico. Incluso el concepto de mediador, dentro del enfoque, tal como lo plantea W. F. Hill (1966), y E. Hilgard y D. Marquis (1940/1961/1982), tiene ya su historia a partir de los sistemas de E. C. Tolman y C. L. Hull y sus derivaciones teóricas y aplicadas. Craighead plantea algunos números significativos. Hacia los noventas en la Association for Advancement of Behavior Therapy "los miembros que se declaran cognitivo-conductuales son el 69 por 100, del resto el 29.9 por 100 son conductuales, el 2 por 100 cognitivos, y el 2.1 por 100 'otros'." (Craighead 1990, citado en M. Pérez Álvarez, 1996) Pese al impacto en la comunidad conductual, la aceptación que han tenido y la incorporación a las prácticas concretas; la valoración de los aportes del cognitivismo no deja de ser una tarea bastante compleja. No solo involucra aspectos empíricos y aplicados, sino también cuestiones teóricas y conceptuales. Existen ciertas apreciaciones críticas que si bien no sistematizadas ni concluyentes, empiezan ya a resultar frecuentes a través de los trabajos de diferentes autores. J. A. Cruzado, F. J. Labrador y M. Muñoz (1997) señalan sobre las generalidades de la orientación cognitivo-conductual a modo retrospectivo. "Entre los principales problemas que presenta esta orientación, hay que destacar la ausencia de una clarificación precisa de las relaciones entre las cogniciones, las respuestas emocionales y la conducta motora. Muchos autores incluidos en este enfoque utilizan constructos mal operacionalizados, así como modelos de causación circulares. Es necesario estructurar y sistematizar de la manera más rigurosa los procedimientos, dotándolos de una mayor fundamentación teórica y llevar a cabo una adecuada evaluación de su eficacia."
No se puede afirmar que los autores hablen desde una "torre de marfil", "desvinculados de la práctica". La cita proviene de un manual de técnicas de modificación de conducta.
"El problema viene dado si se adoptan los supuestos de algunos autores denominados cognitivos, relativos a que el sistema cognitivo filtra la percepción, estructura la realidad, semejante a un modelo kantiano, y determina las emociones, estados de humor y conducta motora; de lo que se deduce que todo cambio conductual está mediado por esos cambios cognitivos. Este conjuntos de supuestos es innecesario. Por otro lado, las variables cognitivas que se introduzcan deben estar fundamentadas en la psicología experimental; la falta de investigación básica en torno a estas técnicas es un aspecto problemático en este caso". (Labrador, 1990; en J. A. Cruzado, F. J. Labrador y M. Muñoz (1997).
En este sentido y yendo más lejos Pérez Marino (1996) refiriéndose al trabajo de D. Meichenbaum y R. Cameron (1982) sobre el aporte a nivel de procedimientos técnicos, apunta hacia aspectos "más teóricos". "(...) En este sentido, apenas habría entonces discontinuidad. La diferencia estaría, sin embargo, en que las técnicas se utilizan para la modificación de las cogniciones. Se dirá ahora que el efecto de las técnicas está mediado por procesos cognitivos. La intervención conductual produciría sus efectos a nivel cognitivo, cuyo cambio reobraría sobre la conducta de entrada. De esta manera se estaba a un paso, y se ha dado, en el sentido de establecer que todas las técnicas de la terapia de conducta serían en realidad cognitivas, puesto que los 'procesos cognitivos' intermediarían cualquier cambio." Esto apunta a un cambio de rumbo a nivel disciplinario. No es la cuestión de "si las técnicas funcionan o no". Apunta al marco comprensivo a partir del cual ordenar los datos y dar una dirección a las investigaciones. La inquietud de Pérez Marino se encuentra plenamente justificada. En este sentido A. Ellis refiriéndose a los puntos de encuentro de la T. R. E. y representantes tradicionales de la terapia del comportamiento plantea: "En el terreno teórico, el terapeuta racional acepta las principales premisas de los teóricos del aprendizaje (...) Es escéptico, sin embargo, respecto del alcance del tratamiento desestabilizador de los terapeutas tales como Salter o Wolpe, quienes en gran parte se concentran en el síntoma de eliminación y no se preocupan de ninguna reestructuración filosófica básica de la personalidad del paciente. También cree que cuando los terapeutas desestabilizadores tienen éxito con sus pacientes, por lo general los han inducido inconscientemente a cambiar sus ideas interiorizadas y no han conseguido hacerles reaccionar de forma diferente a los estímulos que les han sido presentados." (A. Ellis, 1962/1980) En definitiva un reforzador podría ser tal, si la persona u organismo (según sea el caso) lo considerasen así (nos quedaría pendiente como llegarían a considerarlo así). En definitiva un reforzador podría ser tal, si la persona u organismo (según sea el caso) lo considerasen así (nos quedaría pendiente como llegarían a considerarlo así). "La terapia cognitiva con la exposición ha sido ampliamente utilizada, pero no hay pruebas claras hasta la fecha de que esta combinación terapéutica resulte superior a la exposición sola. Como la terapia cognitiva incluye casi siempre algún componente de exposición, no es fácil ponderar las aportaciones relativas de cada componente. Recientemente Marks (1987) ha revisado seis estudios controlados (Mavissakalian et al., 1983; Kuipers y Eggeraat, 1978; Emmelkamp y Mersch, 1982; Emmelkamp et al., 1985; Wiliams y Rapporort, 1983; Pollard Y Jensen, 1984) en los que los componentes cognitivos no aportaron nada específico a la terapia de exposición. Se puede argumentar que con otras formas de terapia cognitiva (p. ej., la reestructuración cognitiva de Beck en lugar de las autoinstrucciones de Meichenbaum o la terapia racional emotiva de Ellis) se pueden obtener mejores resultados, pero, si esto es así, se demostrará cuando concluyan las investigaciones que están actualmente en marcha." (Echeburúa, 1996) Y la lista puede continuar.
La evaluación en si de los procedimientos técnicos se vuelve engorrosa. El problema no es simplemente si un procedimiento funciona o no, ni a que variables atribuimos los cambios. La posibilidad de discriminar una variable está dada a partir de una taxonomía teórica, cuya potencialidad heurística, a su vez, esta pautada en buena medida por sus bases conceptuales. Éstas últimas no parecen muy claras en el caso de los modelos cognitivos, ni siquiera en cuanto a la valoración de su pertinencia y utilidad...
Por lo pronto queda claro que los problemas planteados no son exclusivamente de naturaleza aplicada, ni siquiera de naturaleza empírica, por lo que las respuestas no necesariamente las vamos a hallar en "investigar más" (no al modo del sentido más habitual del término).
En el presente trabajo no me voy a remitir a la efectividad de las propuestas cognitivas. Junto al pragmatismo, el giro cognitivo implicó la promesa de la reincorporación de la interioridad y la subjetividad a partir del método. No al modo de los enfoques históricamente pre-conductistas (Mahoney, 1974/1983), con sus terminologías y connotaciones.
El método que posibilitaría esta incursión sería el experimental, anclado en la conducta. La crisis del modelo, más allá de los aspectos empíricos , implica un "retorno del péndulo". Acerca de la crisis de los modelos de condicionamiento me volveré a referir más adelante.
4- La cancelación de la "internalidad"."No se resuelve los problemas rechazándolos. En particular, uno no se libra del problema de la naturaleza de la mente declarando, sea que ésta no existe, sea que ésta no se la puede estudiar científicamente. Por añadidura, es peligroso descuidar el estudio científico de lo mental, porque hay una ley inexorable de la evolución cultural, a saber, 'la cultura tiene horror al vacío: si no se lo llena con ciencia o con técnica, termina por ser llenado por basura intelectual'. Por ejemplo, el desprecio del conductismo por el estudio de las funciones mentales contribuyó fuertemente a la difusión de las ciencias del espíritu. Por falta de un Galileo de la psicología, hemos tenido que aguantar los delirios del charlacanismo." (M. Bunge, 1989)
Ésta parece ser la posición más difundida acerca del tratamiento dado a la internalidad y subjetividad desde una perspectiva conductual; palabras más o menos, barrer el problema debajo de la alfombra.
"Parece llegado el momento de eliminar toda referencia a la conciencia en psicología; la época en que ya no es preciso engañarse pensando que los objetos mentales están siendo objeto de observación. Nos hemos enredado tanto en cuestiones especulativas sobre los elementos de la mente, la naturaleza del contenido conciente (por ejemplo, pensamiento sin imágenes, actitudes y 'Bewusseinslage', etc.), que yo, en cuanto experimentalista, tengo el sentimiento de que algo va mal en nuestras premisas y en los tipos de problemas desarrollados a partir de ellas. Ya no hay garantía de que todos digamos lo mismo cuando utilizamos los términos ahora corrientes en psicología" (...)
Nuestras mentes han quedado tan taradas por los últimos 50 años dedicados al estudio de la conciencia que sólo pueden enfocar estos problemas desde una perspectiva única. (...) ¿Se quedará la psicología con el mundo de la pura física, por usar el término de Yerkes? Confieso que no lo sé. Los planes psicológicos que yo defiendo con ardor llevan en la práctica a ignorar la conciencia, tal como la entienden los psicólogos de hoy. (...) Si le concedéis al conductista el derecho de usar la conciencia de la misma forma en que la utilizan los demás científicos naturales -esto es, sin hacerla un objeto especial de observación-, les habréis concedido todo lo que pide mi tesis." (J. B. Watson, 1913)
La lectura del manifiesto watsoniano no propone el abandono de los problemas tradicionales de la psicología. Sí un cambio de enfoque, un cambio a nivel del tratamiento de los mismos. Este giro implica necesariamente una crítica a las categorías en boga en aquel entonces; y junto a ésta, una revisión acerca de la conceptualización del evento psicológico.
Plantea en definitiva, un cambio conceptual y sobre todo metodológico, del modo de abordar el estudio de la psicología.
Nunca podemos confundir los eventos con las categorías explicativas que empleamos para analizarlos.
¿Cómo interpretar el "malentendido" histórico?.Es una buena pregunta. Se ha hablado de momentos del desarrollo científico que habrían impactado en la cultura como heridas "narcisistas". Considerar los sucedáneos conceptuales del alma en términos de comportamiento, y ubicar su estudio junto al de otras especies es una clara afrenta al modo de entendernos en una cultura judeo-cristiana, y si a esto le sumamos el estilo polémico del autor... Es posible que la perspectiva naturalista, pragmática y rústica del abordaje propuesto haya resultado intolerable y ofensiva.
Otro tanto ha sucedido históricamente con respecto otro "gran negador" de la mente y la subjetividad, B. F. Skinner.
Creo que en el caso skinneriano se hace aún más patente la "institución" académica del citar a un determinado autor sin haberlo leído, recurriendo a obras compendiadas. Para aquellos que no estén familiarizados, existen varios trabajos a los que recurrir en las que el autor realiza una panorámica de su producción, tales como "Sobre el conductismo", "Contingencias de reforzamiento", y en particular "Ciencia y conducta humana".
"La comunidad verbal formula preguntas acerca de los hechos privados porque éstos son productos colaterales de causas ambientales, respecto de las cuales se puede por tanto, hacer muchas inferencias, y, por razones similares, el auto-conocimiento se torna útil para el individuo. (...) No se supone la existencia de una clase especial de material mental. El mundo físico genera tanto la acción física como las condiciones interiores del cuerpo a las cuales responde la persona cuando la comunidad verbal dispone las contingencias necesarias. (B. F. Skinner, 1974/1994) En este pasaje, Skinner hace referencia a un aspecto fundamental de su posición con respecto a los eventos privados, evidentemente no identificándolos con un plano mental del cual siempre ha sido critico. ¿Cómo adquirimos la posibilidad de emplear un término (conducta verbal)?. Evidentemente debemos de disponer de ciertas estructuras biológicas que nos permitan una cierta reactividad. A partir de éstas, las contingencias dispuestas por la comunidad verbal irán progresivamente seleccionando empleos aceptables. Esto representa un giro acerca del significado, desde una concepción lógico-formalista a una psicológica (conductual-funcional).
"Para ser coherente, el psicólogo debe tratar con sus propias practicas verbales al desarrollar una ciencia empírica de la conducta verbal. Por desgracia no puede unirse al lógico cuando define una definición como, por ejemplo, una 'regla para el uso de un término' (Feigl); debe, por el contrario, dirigirse a las contingencias de reforzamiento que explican la relación funcional entre un término, como respuesta verbal, y un estímulo dado. Esta es la 'base operacional' para su uso de los términos y no se trata de lógica sino de ciencia. (...) el hecho escueto es que es posible avanzar en un análisis científico de la conducta verbal. Acabaremos por ser capaces de abarcar y acaso de entender nuestra propia conducta verbal como científicos. Si resulta después que nuestra postura final en la conducta verbal invalida nuestra estructura científica desde el punto de vista de la lógica y valor real, tanto peor para la lógica, que habrá sido abarcada también por nuestro análisis." (Skinner, 1945; en Skinner, 1972/1975)
El "significado" no es concebido como la contraparte mental del término, sino como la posibilidad de empleo del término (como conducta), a partir de las contingencias dispuestas por una determinada comunidad verbal. Más que en la posibilidad de empleo, siendo más precisos, radicaría en las relaciones entre el empleo y las circunstancias contextuales del mismo.
Creo que podríamos desprender legítimamente de esto algunas conclusiones. El lenguaje cotidiano en cuanto colección de prácticas no es homogéneo como tampoco lo son las contingencias que la posibilitan. Esto implica que las circunstancias ante las que respondemos con un término tienen un margen de variabilidad; por ende el mismo no posee un referente unívoco. Creo que podríamos afirmar que el lenguaje cotidiano no tiene como su función primaria representar, describir o taxonomizar lo real.
¿Pero que sucede con los términos referidos a la subjetividad y a la internalidad?.
Son términos bastante comunes, los usamos a diario con respecto a los demás y a nosotros mismos.
Concentrémonos en su empleo concreto, en particular el cotidiano. Si de algún modo hicieran referencia a entidades que estuvieran "más allá" del comportamiento, a fenómenos situados en un plano "interno" o mental, por definición, la comunidad verbal no tendría "acceso". De ser así no habría problema puesto que no existirían. De ser acertada la concepción cartesiana de los dos mundos sería dudoso que pudiéramos llegar a emplearlos. Posiblemente las circunstancias discriminativas ante las cuales los empleamos no coincidan (ni tienen porque coincidir), con sus "definiciones" tanto cotidianas como académicas. Ni siquiera un término tiene que hacer referencia de forma unívoca a un tipo de evento determinado. Las "reglas" de su empleo no tienen tampoco que ser "lógicas".
¿En que radicó la objeción skinneriana?.
En primer lugar en tomar los términos como la contrapartida de una realidad "interior", en el sentido de lo expuesto. En segundo lugar, y apuntando al modo de construir una explicación, a su resistencia a incluir lo "mental" como una instancia legítima de esta. Siendo extremadamente sintéticos: objeta "cosificar" una serie de propiedades de la relación entre el individuo (u organismo) y su entorno, para luego depositarlas en un plano "virtual" (generado a partir de una "ficción verbal"), no aportando de este modo, ni al análisis del evento en sí, ni a su explicación. Se generaría una instancia innecesaria puesto que a su vez habría que reconducir su explicación a la interacción en sí, desviando la atención desde los eventos al constructo.
"En el experimento de Pavlov un perro hambriento escucha una campana y luego recibe comida. Si esto sucede muchas veces el perro empieza a salivar cuando escucha la campana. La explicación mentalista normal dice que el perro 'asocia' la campana con la comida. ¡Pero fue Pavlov quien los asoció! 'Asociar significa juntar o unir. El perro simplemente empieza a salivar al escuchar la campana. No tenemos evidencia de que esto suceda por un sustituto interno de las contingencias." (Skinner, 1978/1991)
Evidentemente si fuésemos a referir este episodio en términos cotidianos diríamos que el perro asoció la campana con la comida, lo que en sí no constituye ningún "pecado". Es un modo de referirlo. El problema reside en atribuir a las expresiones del lenguaje ordinario la función de descriptor regio de lo real, en particular tomar las expresiones acerca de lo mental, lo subjetivo o lo interno como las contrapartidas tangibles de un mundo oculto. La posibilidad de referir algo de cierta manera en términos del lenguaje ordinario no constituye "evidencia" de referente unívoco, dadas sus características y funciones. Referir en este contexto, que el perro asoció, no es postular una segunda "conducta" ni una operación "oculta" en particular; duplicando de este modo los eventos, constituyendo, en definitiva, una contrapartida fantasmal. ¿Entonces las expresiones de la subjetividad y la internalidad, que a diario usamos, son "huecas", vacías de contenido o referentes?.
De hecho si nos comunicamos con ellas es evidente que guardan algún tipo de relación con la interacción (conducta) y sus categorías derivadas, de otro modo nunca se podrían haber constituido como tales. Éstas relaciones a las que hago referencia no tienen su contrapartida a nivel de las "definiciones" que podemos enunciar.
Desde este punto de vista la internalidad y la subjetividad, son ante todo, modos de referir, propios del lenguaje cotidiano de esta cultura.
La cuestión radica en atribuirles propiedades que no tienen, y secundariamente, introducir estas expresiones como conceptos o términos científicos. Creo que no es necesario extenderme en la cuestión de que el desarrollo científico requiere también la construcción de un lenguaje propio, más adecuado que el cotidiano para el logro de sus propósitos.
Lo anterior apreciación acerca de la internalidad no implica una psicología de "caja negra". La reducción de lo real al consenso intersubjetivo es propia de ciertos enfoques del conductismo metodológico influidos por el positivismo lógico.
La crítica skinneriana al plano mental no implica de modo alguno que todos los hechos de la conducta sean evidentes a un observador. En ningún momento plantea que una persona no pueda hablarse a sí misma de un modo silente, por ejemplo. No plantea dos sistemas de conducta en función de la accesibilidad a la observación por parte de otra persona. Adscribe el evento "privado" como un producto más de las contingencias. Objeta, consecuentemente, el rol "causal" que se le atribuye, como producto de la relación entorno-conducta no puede ser a su vez causa de la misma. Es de destacar que una relación funcional no puede alojar instancias causales.
La complejidad del comportamiento humano no radica en su "privacidad", sino en la particular relación que establece con su ambiente a instancias del lenguaje.
5- "Un parecido de familia" "El conductismo, sin embargo, no constituía en su época, no lo hace ahora, una doctrina científica homogénea o unificada. Era la resultante de la convergencia histórica de variadas influencias y tradiciones de pensamiento: la teoría de la evolución, el empirismo y el asociacionismo, la neurología y fisiología experimentales, el funcionalismo y el pragmatismo, y en algunos casos, diversas argumentaciones filosóficas provenientes de los avances de la física y de su impacto en las nuevas escuelas de pensamiento vinculadas al positivismo lógico y a las corrientes fenoménicas del conocimiento. En 1930 reconocerse como Conductista (la mayúscula inicial es intencional), al igual que hoy día, no significa compartir necesariamente los mismos supuestos y maneras de hacer ciencia con todos aquellos otros amparados también bajo la misma denominación científica en la psicología." (E. Ribes, 1982)
Mencioné anteriormente el endeble estatuto pre-paradigmático de la psicología. A la interna de lo que se ha dado históricamente en llamar conductismo ha ocurrido otro tanto; estimo, no al grado de la disciplina en su conjunto. Una distinción muy citada a través de la bibliografía es la que se establece entre el conductismo metodológico y el radical. Este último ha sido relacionado con los planteos más polémicos que se han generado desde una perspectiva conductual, al grado de quedar equiparado el término con "fanático" o "extremista". Evidentemente no es la única acepción, ni creo, la más acertada.
"(...) 'radical' significa hacerse cargo de 'raíz' de cualquier asunto psicológico incluyendo el mundo subjetivo. En efecto, 'radical' significa ante todo una consideración de raíz (de radix, -icis), esto es, en su fundamento o razón de ser. (...) Tomar de raíz la experiencia subjetiva consiste en especificar las condiciones que la hacen posible y las funciones que cumple en el contexto social." (Pérez Álvarez, 1996)
La expresión "conductismo radical" fue empleada por primera vez en el contexto de un trabajo escrito en 1945, en "El análisis operacional de los términos psicológicos" de B. F. Skinner. Mediante la misma intentó diferenciar dos modalidades de estudiar la conducta a partir de las consideraciones acerca de lo "privado", con sus inherentes derivaciones metodológicas.
"La distinción entre público y privado no es en absoluto la misma que la existente entre físico y mental. Esta es la razón que hace que el conductismo metodológico (que adopta el primero) sea muy diferente del conductismo radical (que cercena el último término en el segundo). El resultado es que, mientras el conductista radical en ciertos casos puede tener en consideración los hechos privados (tal vez de manera inferencial, aunque no por ello con menor sentido), el operacionista metodológico se ha colocado en una situación en que no le es posible hacerlo. 'La ciencia no tiene en consideración los datos privados', dice Boring. (No me gusta pensar en qué lugar deja esta afirmación mi contribución al presente simposio.) Pero yo discuto que mi dolor de muelas es tan físico como mi máquina de escribir, aunque no sea público, y no veo razón por qué una ciencia objetiva y operacional no considera los procesos a través de los cuales se adquiere y mantiene un vocabulario descriptivo de un dolor de muelas. La ironía del caso es que, mientras Boring debe limitarse a una información acerca de mi conducta externa, yo sigo interesándome en lo que podría llamarse Boring-desde-dentro." (Skinner, 1945; en Skinner, 1972/1975)
El conductismo metodológico al que hacía referencia Skinner era un derivado del operacionalismo. Este instrumento ha tenido diversos empleos y utilidades, entre ellos reincorporar o mantener con cierta legitimidad, conceptos pre-conductistas, en forma de constructo.
¿Qué tipo de abordajes en psicología pueden ser asociados al conductismo radical skinneriano?.
Evidentemente su producción alcanzó un relativo grado de difusión, sobre todo las derivaciones aplicadas del condicionamiento operante. Esto implicó identificar un conductismo diferente con la persona de Skinner y sus colaboradores más cercanos.
Dentro de lo heterogéneo que ha sido el conductismo ha habido otras producciones, que siendo estrictos no las podríamos englobar bajo ésta denominación, pero que, sin embargo, guardan a mi entender algunas características en común.
Me refiero principalmente a los trabajos de W. N. Schoenfeld, J. R. Kantor, y E. Ribes Iñesta. Sin pretender extenderme en detalle en sus respectivas contribuciones, me gustaría sí, a grandes rasgos, citar algunos puntos generales de encuentro.
El primero, la clara identificación del conductismo como filosofía de la psicología y a la conducta como objeto de la misma. Esto va de la mano con la construcción y desarrollo de una ciencia de la conducta independiente en importancia de las tecnologías que de ella pudieran derivarse.
Esta cuestión puede parecer menor, pero se justifica plenamente teniendo en cuenta a los investigadores "inadvertidamente conductistas"; a los que siendo conscientes de ello, lo admiten como un trámite metodológico para acceder a lo mental; y en tercer lugar a aquellos que pretenden un conocimiento tecnológico independiente del científico.
Esto nos conduce a otra característica; la valoración tácita de los aspectos conceptuales involucrados, no circunscribiendo exclusivamente la actividad científica al plano empírico ni al pragmatismo tecnológico. En este marco se inscribe la complementaria y necesaria valoración crítica del objeto, de los procedimientos y de las categorías analíticas empleadas para su estudio, tarea tan vital en esta etapa particular del desarrollo de la psicología. En este contexto, históricamente, ha tenido lugar la crítica al mentalismo como modo de construir psicología (objeto y explicación), situándolo como obstáculo al desarrollo de una psicología científica.
No pretendo en el contexto del presente trabajo "englobar" y equiparar las producciones de Skinner, Kantor y Ribes. De hecho los dos últimos plantean objeciones críticas a lo que entienden como resabios de dualismo en el posicionamiento skinneriano. Apunto hacia aspectos que a mi entender, y parafraseando a Wittgenstein, configuran un "parecido de familia".
Desde la resultante de estas perspectivas se desprende la convicción en que la claridad en la definición de aquello que pretendemos estudiar está (al menos) al mismo nivel de importancia que el método en la conformación del conocimiento científico.
6- Notas acerca del mito de los mundos. "Gracias a Ryle y a Wittgenstein, estamos comenzando a comprender que el estatus intelectual de una actuación pública no depende de que sea causada, respaldada, o matizada por una actuación privada paralela. Sería una triste reversión a una posición aún peor que la cartesiana si, en un caso en el que cierta clase de actuación tenga ambas versiones, públicas y privadas, viésemos a las últimas como las últimas versiones verdaderamente pensantes, simplemente porque son las que tienen carácter privado. (J. Bennet "Rationality: an essay towards an analysis" 1971, citado en E. Ribes 1990 b)
No quisiera abandonar estos tópicos sin hacer un muy breve reconocimiento a los aportes realizados desde lo que se ha dado en llamar filosofía analítica. En particular a los de L. Wittgenstein y los de G. Ryle.
Ésta ha tenido un antecedente importante en la revisión del lenguaje y sus posibilidades significativas por parte del positivismo lógico, en función de la crucial relación lenguaje-mundo, en el contexto de la filosofía de comienzos del siglo XX.
La profunda revisión critica que el mismo Wittgenstein realiza acerca de los criterios significativos del neopositivismo y su concepción de la naturaleza del lenguaje, lo lleva a tomar distancia de su propio "Tractatus logico-philosophicus". A partir de esta etapa su producción será caracterizada como del "segundo Wittgenstein", período en el que escribe su emblemática "Investigaciones filosóficas". En esta segunda etapa se interesará por el lenguaje cotidiano, en particular al referido a los eventos mentales, que es en definitiva el que la psicología adopta como propio.
"Las nociones de proceso y de mecanismo mental no son sino el resultado de la tendencia a medir todas las palabras por el mismo rasero, propia de la teoría nominativa. El hecho de que no encontremos un correlato de los términos psicológicos, de la misma manera que lo encontramos para las palabras que designan objetos físicos, nos lleva a postular la existencia de procesos definidos y de naturaleza peculiar, localizados como parte de un mecanismo mental y referentes de los términos psicológicos. (...) Lo que Wittgenstein pretende en definitiva es demostrar que el modo de significación de los términos psicológicos es muy diferente de lo que se supone, y que los problemas insolubles respecto al tema descansan en una falsa interpretación del funcionamiento de tales términos." (P. López, 1986)
La tarea de reseñar la compleja obra de Wittgenstein en unos renglones debe ser ardua incluso para los especialistas. Los recursos que el autor emplea para ilustrar sus puntos son difícilmente resumibles. Están constituidos por ejemplos de situaciones en los que se hacen diferentes empleos del lenguaje, explorando los límites de lo significativo, procurando que el lector saque sus propias conclusiones. El segundo Wittgenstein nunca procuró hacer ningún tipo de "teoría", ni de sistematización en el sentido de enunciar algún tipo de "conclusión".
Salvando las distancias de estilos y objetivos creo que es interesante el paralelismo que W. Day 33 traza entre la producción del segundo Wittgenstein y la de Skinner. Reseña diez aspectos próximos, tomando como ejes principales el tratamiento dado a lo mental, al lenguaje y al significado.
No puede afirmarse que Gilbert Ryle pertenezca a la "escuela" de Wittgenstein, puesto que esta nunca existió como tal. Sus respectivas formas de hacer filosofía guardan muchas características en común.
Ryle, en el primer capítulo de "El concepto de lo mental" sitúa en Descartes un importante antecedente en la constitución de lo que dio en llamar "el dogma del fantasma en la máquina". Lo mental es equiparado en el mito con lo para-mecánico, es decir, definido negativamente a partir de los principios de la mecánica.
Este dogma está construido a partir de un conjunto de errores categoriales. Estos consisten en asimilar erróneamente los términos mentales a un mismo tipo lógico, como si fueran equivalentes.
"La mayoría de la gente puede hablar con sentido empleando conceptos de los que no puede decir nada con sentido; la práctica le ha enseñado cómo manejar conceptos, por lo menos en campos que le son familiares, pero no a expresar las reglas lógicas que gobiernan su uso. Son como los que saben ir de un lado a otro de su pueblo pero no pueden dibujar o leer un mapa de él y, mucho menos, de la región o del continente a los que pertenece. (...) Un mito noes, por supuesto, una fábula, sino la presentación de hechos que pertenecen a una categoría en términos apropiados para otra. En consecuencia, destruir un mito no es negar los hechos sino ubicarlos adecuadamente. Esto es lo que intento hacer." (El destacado es mío) (G. Ryle, 1949/1967)
El desarrollo de la obra citada ilustra al lector acerca de lo que es, en los hechos, un error categorial, y examina de forma sistemática nuestro lenguaje acerca de lo mental a partir de los empleos del lenguaje cotidiano en relación al "dogma".
Con el propósito de ilustrar un aspecto en común entre los trabajos de Ryle y Wittgenstein, y a modo de ejemplo, puede ser pertinente citar la diferenciación que establecen entre los verbos de disposición y los de acontecimiento. A diferencia de los primeros los segundos requieren como condición necesaria tiempo para realizarse. Al confundir estas categorías tendemos a suponer que denotan algún tipo de actividad oculta. Un ejemplo claro puede darse a partir de la confusión categorial que puede llevar a suponer en el verbo "querer" una forma oculta de actividad. P. López refiriéndose específicamente a Wittgenstein plantea en este sentido:
"Hablamos así de la comprensión de una frase como una actividad de la mente, frente a su pronunciación que es una actividad corporal; o de tener un deseo y expresarlo, como si con ello estuviésemos realizando dos actividades diferentes. Y, sin embargo, ni estos ni otros muchos términos psicológicos denotan actividad alguna. La idea de un mecanismo oculto como lugar de inserción de los procesos mentales no resulta ni necesaria ni suficiente a la hora de explicar los fenómenos psicológicos. No es en absoluto preciso investigar los supuestos procesos ocultos que ocurren en la mente de un individuo para decidir si comprende una frase, espera algo o tiene una intención determinada." (P. López, 1986)
Quisiera en este punto hacer una pequeña aclaración. Se podrá afirmar con algún fundamento que las teorías contemporáneas en psicología dejaron tiempo atrás, términos como mente o conciencia. La cuestión no pasa por censurar el empleo de "malas palabras". Lamentablemente la construcción de modelos psicológicos, muchas veces, resulta una actividad emparentada con la literatura, pese a tratarse de diferentes modos de conocimiento. Un cambio de carácter estético no altera sustancialmente los alcances significativos de un término, ni el papel que ocupa en el contexto de una teoría.
7- Los Conductismos metodológicos"El conductismo metodológico se refiere principalmente a los procedimientos y métodos de la investigación psicológica, más que a su objeto de estudio." (M. Mahoney, 1974/1983)
La cita resulta bastante gráfica con respecto a lo expuesto anteriormente. Por otra parte también resulta muy significativa teniendo en cuenta lo popular y hegemónico de esta forma de hacer psicología.
La inquietud en torno a la definición de los eventos psicológicos parece justificada. Una selección metodológica constituye un paso posterior a la definición de objeto. Cuando éste parece "abierto" o "no muy definido" operan de forma más o menos inadvertida (implícita) supuestos del "sentido común" o derivados, expresados en términos técnicos o científicos. De modelo a modelo, éstos experimentan cambios semánticos a nivel de los términos empleados, y estéticos con respecto a sus contextos de referencia, conservando inalterables sus fundamentos, ganando de esta forma en la renovación, un aire de actualidad.
Cuando me refería a características en común en ciertas formas de hacer psicología, lo hacía en contraste con otras. Un rasgo definitorio de esta forma de conductismo es el peso atribuido al método en el desarrollo del conocimiento científico. Esto, a su vez, explica la heterogeneidad de propuestas que abarca. Aloja perspectivas muy diversas, desde versiones operacionales del psicoanálisis hasta modelos basados en explicaciones reductivas del comportamiento a partir de variables bioquímicas.
"Describir el conductismo metodológico es algo casi tan ambicioso como describir el 'método científico'. Así como existen pocos límites explícitos en los procedimientos incluidos en la investigación científica, existen pocas directrices claras y explícitas en el conductismo metodológico. Más aún, aunque frecuentemente se emplea la forma singular de los términos, se debe tener presente que existe todo un continuo de conductismos diferenciables." (M. Mahoney, 1974/1983)
E. Ribes (1982) delimita dos tipos de conductismos metodológicos: el ontológicamente dualista y el epistémicamente dualista. El primero reconoce en la conducta el objeto de la psicología, pero no de modo exclusivo. Es la instancia objetiva contraparte del mundo subjetivo e interno compuesto por las cogniciones, la percepción, etc..
"La psicología se convierte de esta manera en el estudio de cómo este mundo interior se expresa al mundo exterior. La conducta constituye el indicador externo de este mundo interior, subjetivo e inmensamente más rico." (E. Ribes, 1982)
El epistémicamente dualista concibe exclusivamente un mundo físico, al que son reductibles los eventos psicológicos definidos a partir del consenso intersubjetivo.
"Lo material, como existencia, solo existe, no en tanto físico, sino como lo físico. De este modo, ese mundo subjetivo al que tenemos acceso privado sólo como sujetos, es en realidad un mundo de eventos físicos, al que sólo podemos entrar indirectamente, mediante la inferencia a partir de los datos públicamente verificables del comportamiento externo, de las medidas parciales que nos procura la ciencia biológica, o de las formas consensualmente validadas de referirnos a dichos eventos privados. Lo psicológico es reductible a lo físico, y por consiguiente, a explicaciones de tipo mecánico (aún cuando las máquinas actuales son más complejas y contienen nuevas formas de movimiento de lo físico, como lo son los procesos electrónicos de los sistemas cibernéticos)." (E. Ribes, 1982)
La pertinencia de la definición de los eventos psicológicos a la que vengo haciendo referencia no apunta a aquellos fenómenos conductuales que están relativamente establecidos como tales. Esta dirigida a aquellos eventos de carácter hipotético y a las reificaciones del lenguaje cotidiano, que otrora fueron empleadas para la explicación del comportamiento animal, y que en ningún momento dejaron de serlo con respecto al comportamiento humano. 8- ¿Retorno a los modelos de condicionamiento? No es precisamente la propuesta del presente trabajo, no al menos, en el sentido más obvio. Aún así, creo que sería de utilidad hacer algunas precisiones generales con respecto a éstos y a la crisis del modelo conductual a la que hacía referencia más atrás. La primera tiene que ver con el tratamiento del lenguaje. "No obstante, si el autor de un libro de este tipo está autorizado a aventurar públicamente una conjetura, puedo decir que las únicas diferencias que espero que se revelen entre la conducta de la rata y la del hombre (aparte de las enormes diferencias de complejidad) radican en el campo de la conducta verbal." (B. F. Skinner, 1938/1979) Esto lo planteaba Skinner al momento de considerar las posibilidades que tenía de ser extrapolado al estudio del comportamiento humano el sistema presentado en "La conducta de los organismos"; obra en que describió sistemáticamente, por primera vez, los fundamentos y parámetros de su propuesta. Su inquietud por el estudio del lenguaje es de larga data. "Conducta verbal" del año 1957 tiene sus orígenes lejanos en una primer clasificación de las respuestas verbales del año 1934. Al mencionar "Conducta verbal" es muy probable que inmediatamente pensemos en la reseña crítica de N. Chomsky. No me voy a extender en el análisis de la misma, a los que le interese le recomiendo la lectura de la misma, y de la respuesta "tardía" de K. MacCorquodale. "El libro de Skinner era voluminoso y difícil de leer y, para algunos lectores, constituía una fuente de irritación debido a que la presentación de su tesis no era exactamente lo que podía esperarse de un psicólogo experimental. El análisis funcional que propugnaba, admitido como un simple 'ensayo' de interpretación, estaba apoyado por evidencias de tipo anecdótico. El olvido deliberado de casi toda la bibliografía acerca de la lingüística (lo cual no significa que Skinner la desconociera, aunque quizá tenía razones, probablemente erróneas, para proceder sin ella) mostró ser una mala estrategia en una época en la que los psicólogos parecían moverse en dirección de los lingüistas para aprender de ellos una serie de hechos interesantes acerca del lenguaje humano. (...) los escritos de Chomsky tenían varias ventajas: ofrecían una formulación bien compactada y concisa de un modelo que, aunque altamente abstracto, estaba documentado con datos lingüísticos organizados de una forma muy lógica. En conjunto, daba la impresión de ser más preciso y más coherente." M. Richelle y M. Moreau (1982) en "Lenguaje y conducta" de E. Ribes y P. Harzem (compiladores). En su tiempo la reseña crítica tuvo una importante repercusión sociológica. No podemos dejar de lado que la historia de la ciencia tiene un nivel de análisis "interno" y otro "externo". "De hecho la decadencia del behaviorismo parece estar unida al nacimiento de la psicolingüística moderna." J. Mehler citado por M. Richelle (1971/1989) "El error de Chomsky, y de todos los psicolingüistas que se han equivocado con él, se debe a la negativa a reconocer el proyecto de Skinner como lo que es: no una teoría sino un programa, no un análisis formal del sistema de la lengua o del sistema general de las lenguas, sino un análisis funcional del comportamiento verbal. La distinción naturalmente es importantísima." (M. Richelle, 1980) Creo que el principal impacto de la crítica fue el desestimar la lectura en sí de "Conducta verbal", más que poner en cuestión aspectos de la propuesta. Tendencias posteriores en psicolingüística apuntan a eso, aunque les pese encontrar antecedentes en las formulaciones skinnerianas.40 Otro aporte skinneriano al análisis del lenguaje, que tampoco halló una acogida experimental, fue la distinción entre conductas gobernadas por reglas y aquellas moldeadas por contingencias (Skinner, 1969/1979). ¿Qué ha sucedido con el análisis experimental de la conducta verbal?. Es otra buena pregunta. Una muy buena.
Lo único cierto es que no ha existido un tratamiento experimental exhaustivo y sistemático acerca de la conducta verbal. Los estudios realizados no han resultado concluyentes en su época. Cuando me refiero a concluyente, me refiero al logro de una sistematización teórica a partir de la investigación experimental, o a la formulación de los problemas que la impidieron. Muy poca bibliografía trata esta cuestión.
Es posible que la comunidad psicológica se haya sentido más atraída por otros horizontes, como los que plantea Richelle y Moreau. Es también posible que la incipiente terapia del comportamiento se haya visto urgida de respuestas de corte aplicado que no podía brindar el programa skinneriano en función de su incipiente desarrollo, adhiriéndose consecuentemente a otras perspectivas. Es también posible que hallan mediado aspectos político-administrativos como los criterios de financiación de proyectos.
El tronco principal de la incipiente Terapia de la conducta nunca llegó a incorporar aportes del análisis skinneriano del lenguaje, ni siquiera como marco orientador.
Esto último contribuyó a dejar el terreno despejado para una fácil incorporación de modelos conceptualmente pre-conductistas, fundamentalmente en el campo aplicado, particularmente el clínico. De otra forma sería difícil entender las "limitaciones" que cita M. Mahoney (1983/1974) acerca de los modelos no mediacionales; parafraseando a Pérez Álvarez: el "problema" de Mahoney es el asunto del lenguaje como conducta verbal.
¿La ausencia de un análisis experimental del lenguaje contribuyó a dejar el territorio despejado a la inclusión de modelos pre-conductistas?.
¿O fue la seducción por aquellos modelos que prometían explicar "los eventos ocultos" con respecto a los cuales la conducta resultaba un epifenómeno, la que en definitiva, contribuyó a minar la pertinencia de un análisis experimental del lenguaje?.
"Yo fui anticonductista desde el comienzo, aunque trabajé en un laboratorio conductista. La indefensión aprendida me convenció de que el programa conductista estaba equivocado. Los animales, y sin duda las personas, podían computar relaciones en el momento de los sucesos (como << No importa nada de lo que haga>>), y podrían extrapolar esas relaciones al futuro (<>). Comprender contingencias complejas es el proceso que se denomina <>, y extrapolarlas al futuro es el proceso que determina la expectativa. Si nos tomamos en serio la indefensión aprendida, tales procesos no pueden explicarse de forma convincente con el argumento de que son epifenómenos, porque provocan el comportamiento de la rendición. El trabajo sobre la indefensión aprendida fue una de las explosiones que derribó la casa de papel del conductismo e hizo que la década de los setenta se entronizara la psicología cognitiva en el feudo de la psicología académica." M. Seligman (2002/2003) 9- Una dirección posibleEl retorno al que hacía referencia en el título de la sección anterior, apuntaba a una revisión de los logros y las limitaciones del análisis experimental en este campo tan complejo. Una revisión que implique un tratamiento serio y sistemático; la complejidad del tema lo amerita.
El desarrollo del conocimiento científico, como lo señalé anteriormente, no es precisamente terso. Una crisis, sobre todo en un proyecto tan joven, como decía la cita, no debe asustar a nadie. Ribes (1990a), reseña una serie de problemas empíricos en el análisis del comportamiento humano vinculados al lenguaje. Estos problemas, lejos de "desanimar" a este investigador, lo llevaron a hacer una importante revaloración de las categorías analíticas de nuestra disciplina y sus fundamentos.
Las anomalías en un modelo psicológico son esperables y hasta "sanas". No quiero llegar tan lejos como para afirmar que en psicología es una "virtud", pero sin duda es una característica intrínseca del conocimiento científico. Los modelos que surgen como un sistema acabado, inmunes a todo contraste empírico controlado, no son dignos de confianza.
No es el objetivo del presente trabajo desarrollar "modelos" alternativos. Menos aún cuando al que venimos haciendo referencia, parece como "inconcluso".
Esto último no quita la importancia de señalar en una dirección. En un primer momento, hacia la vigorosa revisión crítica, a la que anteriormente hacía mención. En una segunda instancia, a su consecuencia lógica.
En el conocimiento científico, una labor de estas características no tiene, precisamente un propósito anecdótico. Tiene como finalidad arribar a una serie de conclusiones que oficien de insumos al análisis.
E. Ribes a través de la crítica fue sentando las bases de lo que posteriormente tuvo su expresión sistemática en la propuesta de "Teoría de la conducta. Un análisis de campo y paramétrico", de 1985.
Esta no es la única alternativa histórica del análisis de la conducta; sí una muy prometedora. Una cuestión parece clara: toda alternativa sustentable tendrá como punto de partida la evaluación del análisis experimental del lenguaje.
Conclusiones 1- El estatuto pre-paradigmático de la psicología entraña la fragmentación de los recursos humanos y materiales en investigaciones cuyos resultados difícilmente son extrapolables más allá de lo anecdótico. Se podría aducir alguna suerte de "selección natural" de los modelos, de modo que este panorama no resultaría tan negativo. Pero tomando en cuenta la historia de la psicología esto no se podría sostener; muchos modelos caducos tienen una suerte de "retorno a la actualidad", a partir de un giro estético. Un ejemplo podría ser el retorno del innatismo a partir de propuesta de nativista Chomsky, otro, los puntos de encuentro entre el constructivismo y el psicoanálisis. Esto es posible gracias al margen de no explicitación de los aspectos conceptuales involucrados. Una formación más exhaustiva en historia del desarrollo científico podría resultar una gran contribución a los psicólogos, para éste y otros aspectos. 2- Esta situación no responde a un solo factor. Discierno dos de particular incidencia. El primero esta dado en la subestimación del valor de la psicología como una ciencia. Esto puede estar vinculado al desconocimiento de los alcances sociales del aporte, que en forma de tecnología, este tipo de conocimiento puede realizar. También puede responder al modo en que está organizada la práctica de la psicología y a las prerrogativas político-económicas de sus instituciones (variables sociales del desarrollo de la ciencia). 3- El segundo está dado por aspectos internos de la disciplina. Los problemas a nivel de la definición de objeto contribuyen de sobremanera al mantenimiento del estatuto pre-paradigmático. Revolucionarios planteos metodológicos no pueden subsanar esta carencia. Es primariamente un problema teórico y conceptual. 4- Estos problemas de definición no tienen por origen lo ignoto del accionar humano; todo lo contrario. A través de la historia el peso de ciertas instituciones culturales occidentales ha dificultado una perspectiva naturalista no trascendentalista del hombre. No es necesario adherir a una concepción dualista para actuar en base, forma parte de nuestro "sentido común". 5- A la interna del conductismo el problema de la definición resultó crítico con respecto al tratamiento de los "eventos privados". En este sentido, posible distinguir dos grandes tendencias, la del conductismo metodológico y la que se ha conocido como conductismo radical. Esta última llevó adelante una importante crítica a la inclusión de nociones de gran arraigo cultural, como legítimos eventos y términos científicos. La crítica al mentalismo ha tenido un impacto limitado a la interna de la comunidad de psicólogos. Sin embargo, más allá de sus efectos en la sociología de la disciplina, este conductismo ha producido modos de hacer psicología, que en su originalidad, ofician de horizonte posible. 6- Enrabado con el problema de los "eventos privados" está el del análisis experimental del lenguaje. Me aventuraría a afirmar que la inclusión de la perspectiva cognitiva en la conductual se debe al déficit de investigación en esta área. Pese a sus limitaciones, como modelos aplicados brindaron una cierta cobertura, ante un "hueco" teórico-técnico. El análisis experimental del lenguaje sigue pendiente. A partir del desarrollo del mismo se podrán esclarecer aquellas propiedades del comportamiento humano complejo, que llevan a muchos psicólogos a la ilusión de los dos mundos. La complejidad no radica en la "privacidad", sino en la particular relación conducta-ambiente que se establece a instancias de las propiedades funcionales del lenguaje. |