Existe un cuerpo sustancial de evidencia de que los padres de niños con discapacidades severas experimentan mayores niveles de estrés que la media, como consecuencia del retraso del niño. El estrés experimentado por estos padres varía mucho (Schilling y Schinke, 1984).
Se pueden encontrar diferentes acontecimientos autobiográficos que ponen de relieve las dificultades de los padres para enfrentarse al diagnóstico del niño, a su cuidado diario, a los contactos con el sistema de servicios sociales, con el dolor crónico e intenso, con el aislamiento, con los cuidados físicos agregados que el niño necesita, con los trastornos del sueño y los problemas del comportamiento (Quine y PahI, 1985).
Estos acontecimientos autobiográficos están apoyados también por los resultados de estudios realizados con padres (Bresiau y Davis, 1986). Los estudios demuestran que los padres de niños discapacitados experimentan mayores niveles de estrés que los padres de los niños sin discapacidad, y que su angustia (actitudes negativas, preocupaciones y dificultades diarias) aumenta con la severidad de la condición de discapacidad del niño. |