
Técnicas de modificación de conducta en la infancia. A propósito de un caso de mutismo selectivo.José Fernando Calvo Mauri. |
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Psicólogo. Unidad de Salud Mental del INSALUD de Ceuta Alumno de la XVI Rotación de la Unidad de Docencia y Psicoterapia |
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Resumen |
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En este trabajo se describe el proceso seguido en un caso de mutismo selectivo. Se revisa todo el procedimiento de diagnóstico y tratamiento seguido en el caso basado en técnicas de modificación de conducta según el paradigma del condicionamiento operante. Se concluye realizando una revisión crítica sobre el proceso y las implicaciones de las terapias de modificación de conducta. |
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Agradecimientos |
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A Francisco J. Carrascoso López. Psicólogo. UNED-Sevilla por sus comentarios y críticas, siempre jugosos y que han mejorado, y mucho, el presente trabajo. |
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Introducción |
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Los aspectos relacionados con la psicopatología del desarrollo presentan diferencias cualitativas con respecto a la psicopatología adulta dado que los niños no son "adultos bajitos" y mucho menos (salvo los casos debidamente diagnosticados) retrasados mentales. Así es necesario tener en cuenta que hay comportamientos normales dentro del desarrollo que pierden esta cualidad a medida que pasa el tiempo. Esto implica tres características propias de la evaluación infantil (Toro, 1998):
Dentro de los factores de riesgo en psicopatología infantil y siguiendo un modelo de diátesis-estrés parece existir un alto grado de acuerdo en la relevancia de una serie de factores que mediante algún tipo de interrelación entre ellos y, según el caso, con mayor o menor importancia resultarían en un cuadro de vulnerabilidad que propiciaría la existencia de una patología concreta (Toro, 1998):
Pasamos ahora a describir la historia de un caso seguido en contexto ambulatorio en la Unidad de Salud Mental de Atención Primaria del INSALUD en Ceuta, que necesitó de una sesión de evaluación y diagnóstico, 17 sesiones de tratamiento distribuidas a lo largo de 8 meses y dos semanas. Habiéndose realizado seguimiento a los tres meses de haberse consensuado el alta de la unidad por remisión absoluta del motivo de consulta. |
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Descripción del caso |
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El caso que se presenta es el de un niño de 4 años y medio, raza caucasiana, de origen español y con el castellano como primera y única lengua, escolarizado en educación preescolar, hijo único de pareja estable compuesta por dos profesionales laboralmente en activo con estudios universitarios de grado medio, que solicitan consulta a comienzos de 1997. El motivo de consulta referido por los padres es a indicación de la profesora que les informa que ni el curso anterior ni lo que lleva de este el niño ha hablado, ni en clase ni en el recreo, aunque realiza correctamente sus tareas escolares y no es problemático en ningún otro aspecto. Los padres refieren que el niño es incapaz de hablar ni con niños "mayores" (a partir de unos 10 años) ni con adultos, desconocidos o conocidos, a excepción de ellos y abuelos: "cuando es con extraños, baja la cabeza" De la exploración realizada los aspectos más destacados se resumen en: hijo deseado; embarazo y parto normal; adecuado desarrollo psicomotriz; sin problemas de salud de interés; sin quejas de hiperactividad u otras alteraciones de conducta fuera del motivo de consulta; con juegos e intereses apropiados a su edad y medio social; una actitud colaboradora por parte de los padres y del niño, que no emite sonido alguno durante la entrevista, aunque responde a órdenes y realiza aquello que se le indica. Tolera bien la separación de los padres y de los abuelos maternos, que lo acompañan al colegio, al que acude contento y sin intentar dejar de ir. La madre muestra signos de alta ansiedad y preocupación, pero no se refieren antecedentes familiares de interés. Obteniéndose una Escala de Denver simplificada del 100% para una edad de 5 años, aunque la parte referida a lenguaje es referida por los padres. |
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Diagnóstico |
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El primer paso a considerar en el caso a realizar fue considerar el diagnóstico del caso como mutismo selectivo (F94.0). Para realizar este sobre los criterios DSM-IV (APA, 1995) se contempla:
El caso expuesto cumple la totalidad de los requisitos indicados. Realizándose el diagnóstico diferencial para rendimiento académico malo (First, Frances y Pincus, 1996) en los términos:
Una vez terminado el proceso diagnóstico y el de diagnóstico diferencial el caso puede ser etiquetado siguiendo la clasificación DSM-IV, como: EJE I: Mutismo selectivo F94.0 EJE II: Sin diagnóstico Z03.2 EJE III: Sin información disponible o irrelevante EJE IV: Sin problemática psicosocial EJE V: Sintomatologia moderada/grave GAF:55% , coincidentes evaluación y máx. último año |
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Conceptualización teórica y marco de tratamiento |
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El tratamiento psicoterapéutico del caso fue abordado desde el paradigma de condicionamiento operante (CO), cuyo más destacado exponente es el psicólogo norteamericano B.F. Skinner (1904-1990). Este paradigma se incluye dentro de las escuelas psicológicas conductuales, que a modo de resumen tienen en común como principios básicos:
Desde el CO se establece, a diferencia del respondiente pavloviano, que las leyes que rigen el condicionamiento están en función de las consecuencias contingentes a la emisión de las conductas, es decir que su emisión o no dependen de los cambios que produzcan en el ambiente (operacionalmente definidos como reforzadores. positivos o negativos), en todo caso modulado por la existencia de estímulos discriminativos que aumentan la probabilidad de contingencia del reforzamiento o no de la conducta. Así en función del efecto que produzca la contingencia sobre la conducta obtendremos un proceso de reforzamiento si lo que se consigue es el aumento de la tasa conductual o uno de disminución de tasa de emisión de la conducta en casos de castigo o extinción. Lo que queda recogido para mayor claridad en la tabla I. Tabla I. Resumen de las contingencias posibles tras la emisión de una conducta y sus implicaciones en el aprendizaje según el CO
Estos cambios ambientales, así como las conductas pueden tener tres niveles de análisis (cognitivo, motor y psicofisiológico). Así el caso que se describe permite ser conceptualizado como se recoge en la tabla II.
Tabla II. Conducta problema: Mutismo selectivo
Mientras que la remisión del caso mediante una conducta adaptada (CA), es decir el objetivo terapéutico, se podría, análogamente conceptualizar como se recoge en la tabla III.
Tabla III. Conducta adaptada: Relación social mediante el habla
El mecanismo de adquisición y establecimiento de la CA, o de cualquier conducta, pasa por un procedimiento de aprendizaje en tres fases: 1 Inclusión de la CA dentro del repertorio conductual del sujeto 2 Extinción diferencial de conductas incompatibles (CI) con la CA 3 Generalización de la CA fuera de las situaciones controladas En el caso que se describe existe evidencia de que el sujeto tiene la CA en su repertorio conductual (habla con los padres y abuelos maternos). Sin embargo se elicita la CI al haber presente cualquier cambio situacional (cualquier otro adulto o niño de mayor tamaño). El plan terapéutico que se establece es incluir una técnica de refuerzo sobre la CA en detrimento de las inadaptadas. Es decir aumentar la tasa de CA y extinguir la CI. Con respecto al nivel de observación de conducta, en el procedimiento seguido sólo se va a hacer referencia a los aspectos motores, cuantificando las tasas de emisión y su duración. Ya que, entre otras cosas resulta evidente la dudosa abordabilidad de las cogniciones del sujeto y el realizar registros psicofisiológicos requeriría de un aparataje específico fuera de los medios disponibles. |
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Resumen del proceso psicoterapéutico |
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En el proceso seguido y registrado en la tabla IV se observan 4 fases diferenciadas. En un primer momento (sesión 1ª y 2ª) se intenta utilizar una técnica de reforzamiento positivo que fracasa. En un segundo momento se introduce la CA mediante un proceso de moldeamiento (sesiones 2ª a 6ª). En un tercer momento, ya instaurada la conducta, se extingue diferencialmente la CI (sesiones 7ª a 13ª). En el cuarto (sesiones 14ª a 17ª) se concluye el proceso de generalización de la CA a todas las situaciones. Puede observarse como la duración de la tasa de CI va disminuyendo en cada fase de forma progresiva, resultando su evolución el criterio de moldeamiento seguido para cambiar de fase a fase. Tabla IV. Diario del proceso psicoterapéutico
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Conclusión y aproximación crítica |
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En este apartado, se va a intentar realizar algunas reflexiones sobre las indicaciones y limitaciones a las terapias de modificación de conducta (TMC). De esta forma, primero revisar el que desde otras orientaciones se ha señalado que las TMC no muestran efectividad general sobre cuadros psicopatológicos completos. Si bien esta afirmación difícilmente puede ser rebatida y se han intentado referir algunos intentos contemporarizadores desde la propia defensa de la TMC, como pueda ser el análisis funcional de conducta (AFC) micro y macroanalítico (Fernández, 1998), esto no es sino una perversión de las bases epistemológicas de las que se parte. Es decir, la TMC debe estar relación con un AFC y no con un diagnóstico sindrómico psiquiátrico en su totalidad. Lo que por supuesto no es contradictorio con el que a un sujeto con un diagnóstico de este tipo se le puedan realizar tantos AFC, y consecuentes TMC, como conductas sea necesarias que reaprenda. Pero desde el modelo del CO, ha de recordarse, que se prima la atomicidad (sintomatología) antes que la molecularidad (síndrome) de las conductas. Y aunque esta reflexión puede parecer una objetivación y parcelación absoluta del sujeto no lo es más que el regular la cantidad de un neurotransmisor y concluir que el diagnóstico ha desaparecido ya que no se observan síntomas. Un intento de superación de las TMC ha sido el enfoque cognitivo/conductual más psicologicista y menos motor. Pero antes que nada hay que recordar que las conductas cognitivas, se conceptualizan como la forma de hablar consigo mismo (pensar) que modulan la conducta y los sentimientos, aunque desde una perspectiva neuropsicológica (Kolb y Whishaw, 1984) ya se establece que el pensamiento es una habilidad motora principalmente. Reflexión que no entra en discusión sobre la utilidad y resultados de este enfoque, que entre otros logros sí está más encaminado a los tratamientos de síndromes psiquiátricos. Por último señalar que desde la TMC no se interpreta con valor semántico las conductas desadaptadas ni a nivel intrapsíquico ni de dinámica familiar, pero esto no es más que una consecuencia directa del modelo epistemológico. Y aunque puedan ser igualmente útiles los abordajes desde otros modelos, entrar en discusiones sobre si un modelo es mejor que otro se aparta de la finalidad de este trabajo, por lo que la única conclusión a llegar es que la metalectura del proceso psicoterapéutico debe ser siempre coherente con un modelo teórico. Aunque sí sería conveniente señalar como crítica a algunos intentos de marketing de algunos practicantes de la TMC que éstas no son ni más útiles ni más eficaces que otros abordajes terapéuticos cuando abordamos a un sujeto, aunque es cierto que a algunos terapeutas les parece más fácil realizar la metalectura en términos conductuales. Ya centrándonos en una metalectura de un proceso psicoterapéutico desde un modelo conductista habría de tenerse claro, sobre todo, la diferencia entre la burocratización del AFC y éste propiamente dicho: El objetivo del AFC no es rellenar muchos cuadros ni realizar muchas medidas inútiles sino establecer una hipótesis psicodiagnóstica que establezca la relación causal de la conducta y permita la posibilidad de su modificación (Fernández Ballesteros, 1984). De hecho el AFC seguido en este caso se basa sólo en observaciones que aún respetando los conceptos básicos de tasa y periodo y centrándose en los aspectos motores referidos en el AFC han sido reducidas al mínimo (una charla), pero tampoco hay que olvidar que el contexto es clínico y no experimental: Es decir primamos más la eficacia que la descripción exhaustiva. Sí sería conveniente advertir, además, sobre estas metalecturas y la coherencia con el modelo teórico el incidente de la sesión 4ª en el sentido de que si se establecen unas pautas de tratamiento deben de mantenerse dentro del modelo(aún a costa de verse uno obligado a robar un caramelo a un niño, textualmente). Es decir el terapeuta debería de mantener el máximo control estimular posible dentro del procedimiento. Además señalar que aunque se ha referido como crítica a la TMC la no implicación y frialdad del terapeuta, esto no es más que una reducción simplista y falsa. De hecho las sesiones 7ª, 9ª y 12ª cumplen además una función de relajación psicológica del terapeuta. Para terminar las reflexiones sobre las metalecturas conductistas, señalar que en la fase de pavoneo psicoterapéutico (sesiones 15ª y siguientes), en aquellas en que se presume ante los compañeros de como ha ido evolucionando el caso y los logros conseguidos, la primera pregunta que surgía tanto por parte de médicos o enfermeros era ¿por qué se producía el mutismo selectivo? La respuesta a esta pregunta nunca existía fuera de que el niño se comportaba así y había aprendido a hacerlo de otra manera que ahora le funcionaba mejor. Es decir el AFC utilizado había resultado eficaz pero obviaba (coherentemente con el abordaje práctico) cualquier explicación histórica. En la aproximación seguida no se exploró el conjunto de aprendizajes que conllevan a la instauración disposicional de las pautas de adquisición y mantenimiento de la conducta operante(aunque no habría estado de más y podría haber enriquecido el conocimiento del caso y su eficacia) sino que se centró en el momento actual y su posibilidad de modificación mediante un proceso de aprendizaje con vistas al futuro. Por otro lado, advertir que una de las limitaciones más habituales de los tratamientos conductuales es el aspecto de la motivación. De entrada hay que asumir que sobre una cuarta parte de los sujetos objeto de un TMC no se van a incorporar o terminar el tratamiento (Herrero y Massana, 1993). De hecho el primer intento abordado en el caso de TRF fue un fracaso, aunque la conclusión a llegar es que la responsabilidad es del terapeuta al no valorar adecuadamente la motivación de la presunta observadora que no se integró en el programa psicoterapéutico. Para terminar estas reflexiones señalar que, se espera, sirvan como un ejemplo de las posibilidades de la TMC en Salud Mental, siempre y cuando se realicen adecuadamente. En este sentido y como resumen de todo lo expuesto en este apartado, señalar de forma general:
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Referencias. |
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