Introducción
Existen
diversas situaciones excepcionales en las que se producen graves
amenazas para la integridad del sujeto que las padece, estímulos o
agentes estresantes muy intensos que pueden afectar de forma
considerable la salud del individuo. Ante estos acontecimientos el ser
humano moviliza sus recursos con el fin de responder a estas
situaciones; lo que se denomina como reacción o respuesta al estrés.
En estas situaciones de grave amenaza intervienen una serie de variables
como la vulnerabilidad biológica y los estilos de afrontamiento del
sujeto que pueden determinar, de algún modo el tipo de respuesta que
emita ante estas situaciones. La eminente presencia de un evento
amenazante genera la respuesta neurofisiológica del individuo en donde
intervienen la activación nerviosa central, el sistema autonómico y el
sistema neuroendocrino.
Más
allá de dar una definición clara del término estrés, a continuación
se presenta de manera sistemática, las bases neurofisiológicas del
estrés sintetizadas en el funcionamiento de los sistemas nervioso
central, autonómico y endocrino.
C
Desde
hace varias décadas, y sobre todo en la actualidad, la ciencia en sus
diversas disciplinas (medicina, psicología, sociología, etc.) ha
venido estudiando el fenómeno del estrés, y aunque su uso se ha hecho
frecuente en el lenguaje cotidiano y científico, aun existen
dificultades para delimitar un concepto claro del término (Humber,
1986). La consecuencia más inmediata de esta confusión en el plano
investigativo se evidencia en un sin número de investigaciones que
intentan abordar el fenómeno pero que adolecen de una definición
correcta, arrojando, en consecuencia, resultados poco precisos (Gómez,
2000).
El
término “estrés” lo introduce el fisiólogo Walter Cannon para
referirse a la reacción fisiológica provocada por la percepción de
una situación aversiva o amenazante (Carlson, 1996). Tal como lo señala
Humber, todas las ramas de la ciencia están de acuerdo en señalar que
el término “estrés” fue tomado inicialmente de la física como un
concepto técnico o abstracto y en donde se refiere a la acción de las
fuerzas físicas sobre las estructuras mecánicas (Humber, 1986).
Algunas
de las definiciones más recientes aplicadas al ser humano coinciden en
señalar que el estrés es producto de una activación fisiológica
superior a la que el sujeto es capaz de afrontar (Valdés & de
Flores, 1990). Al respecto Gómez (2000) señala:
En
general se acepta una definición transaccional del estrés, es decir,
una en la que se considera que estrés es una situación, siendo
relevante para el organismo, se percibe como amenzante, peligrosa,
exigente. Si en el intercambio con la situación se presenta un
desbalance entre los recursos y estrategias de que se dispone el
organismo para manejarla, afrontarla, y aquellas necesarias para lograr
sus metas es entonces cuando podemos empezar a hablar del fenómeno estrés.
Será sólo en esas condiciones en las que a los diferentes tipos de
reacciones (emocionales, cognitivas, fisiológicas y conductuales) las
podremos llamar reacciones de estrés y a la situación que generó el
proceso, una situación de estrés o estresor como algunos prefieran
llamarla (p. 40).
El
problema que presenta este tipo de definiciones es que a la hora de
hacer estudios no podemos asumir tan fácilmente, sobre todo en el caso
de investigaciones humanas, que la exposición a un determinado evento
termine siendo estresor o estresante para todos los participantes y que
por consiguiente, genere el mismo tipo de respuestas fisiológicas en
cada individuo (Callister, Suwarno & Seals, 1992; Pacák &
Palkovits, 2001); la presencia de variables individuales como estilos de
afrontamiento, vulnerabilidad biológica, percepción de control o
descontrol, por ejemplo, modulan el
desarrollo del estrés en cada individuo (Gómez, 2000).
Gómez (2000) señala:
Otros problemas
metodológicos se relacionan con la pobre concepción de estrés que
subyace a muchos estudios. Por ejemplo, no se toma en cuenta si el
evento estresor es relevante o no para los participantes, si tienen
experiencia previa con él, si los participantes están pasando por
procesos de estrés independientemente del que se quiere estudiar, si
los sujetos tienen o no percepción de control sobre la situación, etc.
(p. 43).
A
pesar los problemas metodológicos, queda claro, entonces, que el estrés
se desarrolla cuando hay una activación fisiológica en el sujeto
superior a la que él puede responder por medio de sus estrategias
psicológicas y/o conductuales.
Más
allá de las posibles definiciones de estrés, Humber (1986) propone
tres puntos de vista desde los que se puede considerar el estrés:
1.- El estrés como situación, postulando que todos los estímulos
del ambiente pueden actuar sobre el individuo como estímulos
estresantes.
2.- El estrés como reacción a corto plazo,
consiste en reacciones musculares, alteraciones fisiológicas y
sentimientos vividos de manera subjetiva que aparecen como consecuencia
de estímulos provocadores de estrés.
3.- Estrés como reacción a largo plazo, que consiste en las
alteraciones del rendimiento físico o psicológico de una persona, como
consecuencia de que se encuentra desde hace tiempo bajo influencias del
estrés (Humber, 1986).
Implicaciones
neurofisiológicas del estrés
Ante las situaciones estresantes el
ser humano moviliza sus recursos fisiológicos con el fin de responder a
estas situaciones, lo que se denomina como reacción o respuesta de estrés
(Carlson, 1996). En estas situaciones de grave amenaza intervienen una
serie de variables que pueden condicionar de algún modo la respuesta
del individuo ante las mismas. Entre las variables implicadas se
destacan los agentes de estrés o estresores, según el tipo, gravedad o
repetición de los acontecimientos; los factores individuales como la
vulnerabilidad, la estabilidad emocional y los estilos de afrontamiento;
y las variables ambientales. De la interacción de estos factores
podemos encontrar diversas respuestas de estrés desde el punto de vista
fisiológico, en las que intervienen la activación cerebral, autonómica
y neuroendocrina.
Antes
de describir el funcionamiento de los sistemas involucrados en la
respuesta de estrés es importante tener en consideración lo siguiente:
En
primer lugar, el ser humano es un organismo que se encuentra inmerso en
un medio ambiente externo e interno con el cual se relaciona por medio
de sus cinco sentidos (visión, audición, tacto, gusto y olfato). La
preservación de alguno de esos sentidos y el estado de conciencia son
necesarios para que el organismo pueda exponerse a un estado de estrés.
Dado que en el desarrollo del estrés se encuentra implicada la percepción
del sujeto, se requiere del funcionamiento de las estructuras cerebrales
para el procesamiento de la información potencialmente estresante. En
este sentido, podemos decir, entonces, que el proceso de activación
necesario para desarrollar un estado de estrés se da, en primera
instancia, por procesos nerviosos centrales (cogniciones: el
procesamiento sensorial que hace el sujeto de la información) (Valdés
& de Flores, 1990).
En
segundo lugar, la consecuencia del procesamiento sensorial es la
activación del organismo para responder a la situación de amenaza. La
respuesta se elabora a partir de un sistema de respuesta rápida
(sistema autonómico) y posteriormente de un sistema
de respuesta lenta o tardía
(sistema neuroendocrino).
Y
por último, el funcionamiento del sistema de procesamiento sensorial
(proceso nervioso central), la respuesta autonómica y la endocrina,
retroalimentan constantemente al organismo para incrementar, mantener o
disminuir la respuesta de estrés. Aunque son sistemas individuales, en
la práctica sus funciones se solapan en algún momento.
Activación
nerviosa central (procesamiento de la información)
Inicialmente un estímulo aversivo
excita a un receptor conduciendo dicha información hacia el cerebro
bajo la forma de impulsos nerviosos. La información sensorial se
proyecta en los núcleos asociativos del tálamo quien cumple funciones
como estación de relevo sensitivo. Los impulsos nerviosos hacen una
escala a nivel talámico, estableciendo sinapsis antes de proseguir su
recorrido hacia el córtex cerebral (Ganong, 1992). Luego pasan a la
corteza cerebral que se encarga de modular la fidelidad del
procesamiento sensorial e identificar si se trata de un estímulo
amenazante o no. La activación es promovida por la acción de la
formación reticular quien pone en marcha la excitación general (Humber,
1985). Entre otras cosas, el córtex singular cambia las prioridades de
la atención y de la concentración. El córtex frontal genera el plan
de prioridades para las capacidades de atención y memoria de trabajo
(Medina, 2002).
Activación
autonómica
La activación autonómica actúa
por medio del sistema simpático adrenal, encargado de mantener el medio
interno en estado uniforme (homeostasis) y de facilitar las respuestas
de lucha o huida (de distinto significado emocional). Una vez que la
formación reticular a iniciado el proceso de activación general, a
través de la corteza cerebral y el tálamo se excita al hipotálamo (Humber,
1985). El hipotálamo se encarga de controlar las funciones del
sistema nervioso autónomo y del sistema endocrino; organiza las
conductas de supervivencia tales como pelear, alimentarse, huir y
reproducirse (Carlson, 1996). Cuando la activación nervioso-central
parece haber alcanzado su punto máximo, el sistema simpático-adrenal
es el encargado de preparar al organismo para afrontar la situación de
manera de mantener el medio interno del organismo en estado uniforme y
de facilitar respuestas de lucha o de huida (Valdés & de Flores,
1990; Carlson, 1996). Este sistema está compuesto por el sistema
nervioso simpático (que cumple funciones activadoras o de alerta) y por
la médula suprarrenal.
Cuando llega la información al
hipotálamo, habiéndose realizado ya los procesos cognitivos que fueron
atribuidos o evaluados como peligrosos, esa primaria y veloz respuesta
provocará la liberación, a partir del hipotálamo y por vía simpática,
de catecolaminas: Noradrenalina y Adrenalina.
Noradrenalina
(NA):
-
Es segregada a nivel de la médula suprarrenal y de estructuras
cerebrales como el hipotálamo, el sistema límbico, el hipocampo y en
el córtex cerebral. Se ha observado que las situaciones estresantes
aumentan su liberación en algunas zonas del cerebro tales como el hipotálamo,
la corteza frontal y el cerebro frontal basal lateral (Yokoo, Tanaka,
Yoshida, Tsuda, Tanaka & Mizoguchi, 1990; Valdés & de Flores,
1990; Cenci, Kalén, Mandel & Björklund, 1992; Funk & Stewart,
1996), aunque, de acuerdo a Valdés & de Flores (1990) En principio,
el hipotálamo es la única estructura nervioso-central que absorbe NA,
aunque es bien sabido que su producción se da en todo el cerebro.
-
Tanto la estimulación de los nervios simpáticos como las
situaciones de estrés físico, agudo o crónico, en estados de cólera
(Ax, 1953), de agresividad, de interacción social difícil y en
conductas de alto riesgo, aumentan su producción (Valdés & de
Flores, 1990).
-
Se ha usado como indicador de la capacidad adaptativa, así sus
concentraciones fluctúan según las apreciaciones que el organismo hace
de la situación y de los recursos para afrontarla.
Adrenalina
(A):
-
Casi toda es producida por la médula suprarrenal.
-
Por su parte, la adrenalina, se ha considerado el indicador bioquímico
de la actividad emocional del sujeto. Se incrementa en el estrés y en
los estados de ansiedad, impredicibilidad e incertidumbre (Ax, 1953).
-
La estimulación de los nervios simpáticos como las situaciones
de estrés aumentan su producción.
-
La disminución rápida
de los niveles de A se ha considerado un correlato de bienestar físico
y psicológico (Valdés & de Flores, 1990).
Como
se mencionó anteriormente, la Noradrenalina y la Adrenalina son las
encargadas de poner el cuerpo en estado de alerta preparándolo para
luchar o huir. Ambas intervienen en los siguientes procesos:
-
Dilatación
de las pupilas.
-
Dilatación
bronquial.
-
Movilización
de los ácidos grasos, pudiendo dar lugar a un incremento de lípidos en
sangre (posible arterioesclerosis).
-
Aumento de
la coagulación.
-
Incremento
del rendimiento cardíaco que puede desembocar en una hipertensión
arterial.
-
Vasodilatación
muscular y vasoconstricción cutánea.
-
Reducción
de los niveles de estrógenos y testosterona, que son hormonas que
estimulan el desarrollo de las características sexuales secundarias
masculinas.
-
Inhibición
de la secreción de prolactina, que influye sobre la glándula mamaria.
-
Incremento
de la producción de tiroxina, que favorece el metabolismo energético,
la síntesis de proteínas, etc.
Vemos
pues que, ante una situación de estrés, existe un compromiso de todo
el organismo.
Activación neuroendocrina
La
respuesta neuroendocrina es relativamente lenta puesto que se pone en
marcha al cabo de segundos o minutos, dura entre quince minutos y una
hora y además decrece con el tiempo cuando es repetida ante estímulos
que promueven una activación estresante (Valdés & de Flores,
1990). Se le denomina “neuroendocrina porque su activación depende
del sistema nervioso central y su función, entre otras cosas, es
excitar la totalidad del sistema nervioso incrementando la función de
algunos órganos y aumentar la disposición a la percepción y a la
reacción (Humber, 1986)
La
activación neuroendocrina se inicia cuando las neuronas en el núcleo
paraventricular del hipotálamo segregan un péptido llamado Factor
Liberador de Corticotropina (CRF) que es la hormona que inicia la cadena
de neurotransmisiones. La CRF y otras hormonas relacionadas entran en el
sistema circulatorio privado que une el hipotálamo con la pituitaria
anterior, y, en apenas segundos, activan la pituitaria, que se encarga
de liberar corticotropina, también conocida como adenocorticotropa o
ACTH (Carlson, 1996; Leng & Russell, 1998). La corticotropina es una
hormona que, una vez liberada, se introduce en el flujo sanguíneo y, a
través del sistema circulatorio, estimula a la corteza suprarrenal para
que libere glucocorticoides: cortisol, hidrocortisona y corticosterona.
También se liberan mineralocorticoides, como la dexoxycorticosterona y
la aldosterona. La liberación de glucocorticoides en situaciones de
estrés persigue elevar el nivel de glucosa en la sangre, ayuda a que
las grasas se conviertan en energía, aumentan el flujo sanguíneo,
estimulan las respuestas conductuales al tiempo que inhibe actividades
vegetativas innecesarias en tales momentos (Munck, Guyre & Holbrook,
1984; Carlson, 1996). De acuerdo con Selye, (1982, citado por Valdés
& de Flores, 1990), el cortisol y la corticosterona secretadas a
partir de la capa fascicular suprarrenal parecen actuar como
tranquilizantes titulares, que potencian la tolerancia pasiva y la
coexistencia con el agente agresor (Sapolsky, Romero & Munck, 2000).
Valdés & de Flores destacan su importancia:
Al margen de las complejas acciones biológicas de
los glucocorticoides, la importancia de los 17-OHCS (representadas por
el corisol, la cortisona y la corticosterona) en la psicobiología del
estrés reside en su capacidad para indicar bioquímicamente los efectos
estresantes de la activación. (…) Así lo prueban los altos niveles
de 17-OHCS detectados en sujetos que experimentan situaciones y estados definidos
como estresantes (p. 84).
En
la siguiente ilustración se presenta esquemáticamente la respuesta
autonómica y endocrina.
Los
efectos de los glucorticoides ante la respuesta al estrés son
importantes y necesarios, sin embargo, su activación a largo plazo
puede generar efectos dañinos en la salud tales como aumento en la
presión sanguínea, daño en el tejido muscular, diabetes esteroides,
infertilidad, inhibición del crecimiento, de las respuestas
inflamatorias e inmunológicas (Carlson, 1996) e incluso daños en
estructuras cerebrales como el hipocampo (Sapolsky, 1986; McEwen, 1999).
Por
último, esta excitación vegetativa general y la simultánea tensión
nerviosa (nivel de comportamiento motor) vuelven ahora al centro (el
cerebro) iniciando el feedback sobre el estado de los receptores
internos del cuerpo. Esta retroalimentación puede tener como
consecuencia un incremento adicional de la excitación general
(estimulación del sistema simpático) y, a la inversa, una relajación
(estimulación del sistema parasimpático), al disminuir la excitación
o al influir correspondientemente sobre todo el proceso.
Conclusiones
-
No existe una única definición aceptada por la comunidad científica
del término estrés, lo cual ha generado imprecisiones en hallazgos
investigativos en esta materia.
-
En líneas generales, se acepta que el estrés se refiere a una
activación (fisiológica y conductual) superior a la que el sujeto
puede afrontar, sin embargo, a nivel metodológico, el concepto trae
problemas ya que resulta difícil determinar si el evento considerado
estresor ejerce la misma influencia en los sujetos que participan de la
investigación.
-
Desde el punto de vista neurofisiológico se han descrito tres
sistemas involucrados en la
respuesta al estrés:
o
Sistema nervioso central (procesador de la información): quien
se encarga de reconocer y procesar la información que puede ser
estresante o no.
o
Sistema autonómico: quien se encarga de generar la primera
respuesta al estrés. Esta respuesta se caracteriza por la liberación
de catecolaminas: Noradrenalina y Adrenalina.
o Sistema neuroendocrino: genera una respuesta más lenta en el
tiempo y básicamente se encarga de liberar los glucocorticoides quienes
contribuye en la activación general del sistema nervioso y en la
preparación al organismo para reaccionar.
-
Estos sistemas se retroalimentan
constantemente trayendo como consecuencia un incremento,
mantenimiento o disminución de la activación producto del estrés.
-
La activación permanente de estos sistema puede generar daños
permanentes en diversas estructuras del organismo que se traducen en
enfermedades y patologías.
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