Del Conductismo metodológico al Conductismo radical.Leonardo R. Hernández M. (Introducción por Antonio Cortines) |
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A modo de
introducción
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En
última instancia, la distinción implícito-manifiesto plantea problemas
relacionados con la organización de funciones complejas de estímulo-respuesta,
independientemente de toda referencia a la observabilidad inmediata por parte de
sus componentes. Ribes
(1990, p. 55). Esta colaboración del compañero Leonardo inaugura
lo que deseamos se convierta en asiduo proceder en esta página y esta sección:
un lugar de encuentro de comunicación(ones) entre analistas de la conducta y de
presentación de productos de reflexión acerca de nuestro objeto de estudio. Emilio Ribes, recordemos, no ha dejado de presentarse
como un conductista, cualidad y aserto que no le impiden observar que el
paradigma operante dio todo lo que tenía que dar, parafraseándole. Decimos
cualidad porque es profundo conocedor del análisis de la conducta en sus
diversas facetas, incluidas las de experimentador y aplicador de tecnologías.
No creemos necesario documentar su labor como pensador, como detector de
consistencias e inconsistencias en las formulaciones conceptuales. Aserto,
porque lo argumenta, punto al que retornaremos más adelante. Leonardo trata en su ensayo uno de los aspectos en el
tratamiento de Ribes de los eventos privados según el skinneriano modo y el
posible enmascaramiento de filosofías dualistas en el planteamiento: “si bien
la psicología rechazó la introspección como método analítico, no canceló a
la subjetividad y la internalidad como constructos conceptuales”. No obstante,
el affaire de los eventos privados arranca en el ensayo en el punto en que lo
trató Watson y la reconsideración posterior de Skinner de legalidad en el
estudio de estos fenómenos sólo accesibles a una única persona, argumentando
su naturaleza idéntica a los públicamente observables. Si consideramos canónicos El Análisis Operacional
de los Términos Psicológicos y Conducta Verbal, Emilio Ribes realiza una
disección lógica a través de una serie de dicotomías sempiternas en el
tratamiento del comportamiento humano y las filosofías subyacentes:
objetividad-subjetividad, interno-externo, público-privado e implícito-manifiesto. Volvemos a insistir en la focalización –admisible,
por lo demás- del trabajo de Leonardo. Si se quiere disponer de una panorámica
más amplia del interconductismo, y en concreto de las propuestas de Ribes,
aconsejamos acudir a Teoría de la Conducta y aquí recogemos la apreciación
anterior sobre las argumentaciones de Ribes en torno al corpus operante y lo que
él considera constituyen limitaciones. Si, en términos kuhnianos, el estado de
la cuestión ejemplifica el desenvolvimiento de la ciencia normal, la detección
de anomalías y el advenimiento de un nuevo paradigma, es algo que, francamente,
se nos escapa. Antonio Cortines Referencias
Ribes Iñesta, E. y López Valadez:, F.: Teoría
de la Conducta. México. Trillas, 1985. Ribes Iñesta, E.: Problemas Conceptuales en el Análisis de la Conducta. México.
Trillas, 1990.
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Artículo
Cuando
uno se dedica a hacer un breve repaso de algunos aspectos históricos de
la psicología, al menos es mi caso, no deja de sorprenderse del camino
tan “irregular” que como disciplina ha tenido que transitar. Entiéndase
esta “irregularidad” como una suerte de camino que a veces asciende,
desciende o simplemente adopta un recorrido totalmente horizontal
ausente de cambios significativos. Esto es cierto para decir que dentro
de la psicología, cuando un paradigma comienza a desarrollarse, y en
ocasiones a consolidarse, no faltan posiciones teóricas de mayor o
menor fuerza, que tarde o temprano, le indiquen sus deficiencias, y en
el mejor de los casos, sugieran un nuevo rumbo a seguir. Tal es así,
que incluso en el siglo que acaba de terminar, en donde la psicología
por fin acariciaba cada vez más el estatus de ciencia, de
acuerdo a la crítica (Ribes, 1982, 1990), parecieran presentes aún,
elementos de la psicología pre-científica que se consideraban
superados y que la sumergen, irremediablemente, en un estado de
“limbo”. En este sentido, a mi juicio, resulta delicado afirmar que
la psicología ha tenido un desarrollo ascendente, y que más bien,
después de una especie de subir y bajar los mismo escalones
ha quedado anclada en un plano horizontal que le exige, como
requisito para seguir en ascenso, resolver algunos temas controversiales
que parecían superados.
Es
difícil interpretar, entonces, si el conocimiento que nos antecedía,
contribuyó “acumulativamente” en la definición y desarrollo de
nuestra disciplina, o si más bien desecharlo significa el alumbramiento
de la psicología, y el fin de un extenso período de oscuridad.
Indudablemente que esto dependerá de puntos de vista. Bunge (1980), al
referirse a la tradición mentalista en psicología, dice:
El
mentalismo es precientífico. (…) Sin embargo, el carácter no científico
de la psicología mentalista no nos autoriza a rechazarla en
bloque. En efecto, esa psicología es la que ha planteado –aunque no
resuelto- algunos de los problemas más interesantes de la psicología.
Baste recordar éstos: ¿qué son la percepción, el amor, el odio, el
altruismo, la ideación, etc.? Por este motivo, por haber planteado los
que acaso sean los problemas fundamentales de la psicología, la
psicología mentalista merece nuestra consideración aunque sólo sea
histórica: ella es la abuela precientífica de la psicología científica.
Y a las abuelas se las entierra con honra en lugar de olvidarlas
(p.133). Por
su parte, Skinner (1977), al referirse al papel de los enfoque
mentalistas antecedentes al conductismo, dice: Los
puntos de vista tradicionales han permanecido durante siglos, y creo que
es justo decir que han demostrado ser inadecuados. En buena medida son
responsables de la situación en la cual nos encontramos ahora (p. 17). ¿Tenemos
acaso que concluir que todos los que ha especulado sobre la conciencia
como forma de auto-conocimiento –desde los griegos hasta los
empiristas ingleses y los fenomenólogos- han perdido el tiempo? Quizás
tengamos que hacerlo (p. 200). A
partir de este tipo de críticas se inicia la construcción de
propuestas dentro de la psicología que se desliguen de enfoques
mentalista o dualistas y que la orienten hacia
el alcance del tan deseado estatus científico. Sin embargo,
aunque parezca paradójico, tal como lo mencionamos al principio, aun en
estas propuestas existen elementos que irremediablemente, parecen estar
vinculando con los modelos dualistas tan ampliamente criticados. I La
historia de la psicología se ha caracterizado por transitar por etapas en las cuales conceptos como “el
alma” y la “mente”,
han sido objeto de largas y sustentables discusiones teóricas que han
dado como resultado el desarrollo de proposiciones y teorías
denominadas dualistas y que en su momento han ocupado el estatus del
conocimiento. Este dualismo, más allá de concentrarse propiamente en
la ideas cartesianas, se refiere fundamentalmente a la aceptación de
dos entidades (mente – cuerpo) que tienen formas particulares para
relacionarse. En la búsqueda de respuestas a la forma de comunicación
entre una entidad física y otra no física, se han propuesto algunas
alternativas tales como el dualismo cartesiano, el paralelismo psicofísico
y el ocasionalismo (Mahoney, 1983).
Los fundamentos que se derivaron de este dualismo, influyeron en el surgimiento de la psicología proporcionándole una manera particular concebirla. Ribes (1982), resume de la siguiente manera los fundamentos que postulaba de este dualismo: 1)
Lo mental se concibe como lo causal interno; 2)
La interacción del hombre y de los organismos con su medio es
reductible a la acción mecánica, pasiva, refleja; 3)
Lo mental, en tanto sustancia primaria independiente de lo
material, obedece principios propios (p. 22). Dentro
de la psicología, la adopción de tales fundamentos dualista, ha traído
como consecuencia el abordaje de objetos no naturalistas (Bunge, 1980)
como por ejemplo el alma, el ego, el superego o la conciencia, acogiéndose
a una metodología no científica que analiza las acciones humanas como
producto de una mediación interna. Ribes (1982) lo destaca de la
siguiente manera: Aun
cuando el dualismo ontológico cartesiano sufrió transformaciones
monistas, su dualismo epistémico subsistió hasta nuestros días, tanto
bajo el influjo del empirismo como de las corrientes fenomenológicas y
racionalistas o paralelistas diversas. Todas ellas, sin embargo, tienen
un denominador común: se elimina la interacción con el medio como
objeto de estudio, y se analizan las acciones producidas como actos
mediados de una “maquina” o de una mente interna, o de su interacción
inclusive (p. 23) La inconveniencia de optar por posiciones mentalistas o dualistas trae algunas consecuencias de índole ontológica y epistemológica. En primer lugar, se asume la presencia de un ente interno, con características diferenciales al externo, que puede ser responsable, aun en parte, del comportamiento; y en segundo lugar, la necesidad de explorarlo y descubrir sus leyes nos lleva a la difícil tarea de diseñar un método de abordaje, que sin duda alguna, resulta una tarea difícil a la hora de hablar de objetos no naturalistas. Por tanto, en el caso de la psicología, al vernos impedidos de abordarlo, parte del comportamiento que depende de ese objeto, no podrá ser explicado. Paralelamente
al dualismo, algunas líneas de pensamiento como el empirismo y el
positivismo, impulsaron en parte el surgimiento de posiciones contrarias
denominadas monistas, que indiscutiblemente han influido en el
desarrollo posterior de la psicología, proporcionándole un giro
diametralmente opuesto a las denominaciones que originalmente se le
dieron. Es evidente, por tanto, la presencia de dos posiciones
antecedentes bien definidas que enmarcan las distintas corrientes psicológicas
que se han desarrollado hasta la actualidad. Adscribirse a una de estas
dos posturas ha determinado la concepción de un objeto de estudio
particular, con una metodología que permita abordarlo, y el desarrollo
de un cuerpo de conocimientos. Al respecto, Ribes (1982) hace el
siguiente comentario: No
es necesario abundar sobre el hecho de que la definición epistemológica
de un objeto teórico determina no sólo el espectro empírico del
conocimiento científico, sino también el concepto mismo de legalidad
de los eventos comprendidos. En
el caso de la psicología, por la naturaleza peculiar de su proceso
constitutivo como disciplina científica, este problema adquiere
características especiales. Su ubicación como ciencia natural o social
y la existencia de fenómenos internos o mentales son centrales a esta
problemática (p.19). En
la actualidad, tal como lo acota Ribes, es fundamental la postura
adoptada por la psicología para determinar la legalidad de los eventos
comprendidos y su definitiva constitución como disciplina científica. II Históricamente
se ha dicho que la psicología conductista tiene sus inicios a partir
del año 1913 cuando John Broadus Watson publica su artículo titulado
“Psychology as a Behaviorist View it” (La psicología vista por un
conductista) (Mahoney, 1983; Navarro, 1989). El nacimiento de esta nueva
propuesta estaba orientada fundamentalmente a expulsar definitivamente
de la psicología los modelos de orden mentalista o dualistas, para de
esta manera, darle a la disciplina el estatus científico que
necesitaba. El primer paso que da Watson en esta dirección, es definir
a una psicología que, por incapacidad metodológica, se niega a aceptar
la existencia de la mente y de los estados mentales. Para Watson resulta
imposible acceder a los eventos internos de una manera objetiva y por
tanto los elimina; critica la introspección de la psicología que le
antecedía cuestionando no sólo cómo el observador accedía a los
eventos internos, sino también a cómo ese observador conocía que
miraba dentro de sí (validez) (Casalta, 1981). Watson, entonces, negó
la existencia de la mente y adoptó una estricta posición monista y
materialista. Es así como Watson marca el inicio de una psicología,
que posteriormente se llamará conductismo metodológico, que se centra
más en los aspectos epistemológicos que en los ontológicos. Ribes
(1994): Ante
la imposibilidad de sustentar una psicología de la experiencia
subjetiva, pura, accesible sólo mediante el método de la introspección,
la nueva psicología retomó el argumento conductista de una ciencia no
trascendental, amparada en los métodos de la ciencia natural, la
observación y la experimentación, y concordó en delimitar lo psicológico
a partir del método –y no del objeto-. (p.141). La posición del conductismo metodológico estaba eminentemente influenciada por algunas de las conclusiones del “Círculo de Viena” o positivismo lógico, que fundamentalmente postulaban la necesidad de llegar a acuerdos entre observadores a la hora de estudiar los eventos mentales; la incapacidad para llegar a acuerdo sobre lo que se observaba obligaba a abandonar el examen de los hechos mentales. (Skinner, 1977). Casalta
(1981), presenta la posición de los conductistas metodológicos y la
salida al problema de los eventos internos: De
esta manera, los eventos internos para el conductista metodológico,
eran “inoservables”, susceptibles sólo de tratamiento lógico,
puesto que no habría consenso entre observadores independientes acerca
de su existencia. (p. 129). Evidentemente que las críticas no han dejado de escucharse, en primer término porque la posición epistemológica de los conductistas metodológicos, le obliga a desechar los eventos privados, pero peor aun, al desecharlos, se evidencia la presencia de una concepción dualista al aceptar un mundo externo capaz de ser observado y uno interno que debe ser ignorado. Tal como lo decíamos antes, asumir esta realidad, deja sin responder las responsabilidades del ente interno en la explicación del comportamiento. Incluso hasta este momento, observamos cómo la psicología sigue impregnada de un dualismo que no le permite avanzar. Skinner
(1977) de manera resumida
describe el estado del conductismo metodológico: Muchos conductistas metodológicos aceptaron la existencia de hechos mentales, aunque los dejaron fuera de consideración. ¿Quisieron decir en realidad, que no les interesaban; que la etapa intermedia de la triple secuencia fisico-mental-físico no aportaba nada; en otras palabras, que los sentimientos y estados de la mente eran simples epifenómenos? No sería la primera vez que alguien lo dijera. El punto de vista de que un mundo puramente físico podría ser autosuficiente ya se había sugerido siglos antes en la doctrina del paralelismo psicofisico, que sostenía la existencia de dos mundos –uno de la mente y otro de la materia- …
III Una de las reacciones más importantes al conductismo metodológico los representó Burrhus Frederic Skinner, con lo que pasó a llamarse “Conductismo Radical”. Lo de “radical”, es difícil de entender porque, si bien es cierto, dicha postura, al acceder al “mundo bajo la piel”, ha roto con la radicalización de sus antecesores. El conductismo radical significa un paso más adelante en la elaboración y construcción de una psicología científica. Como características generales podemos mencionar que Skinner consideró que su propuesta se basa en lo observable y que los eventos internos no son necesarios para explicar el comportamiento; además indica que la conducta resulta ser una función de los estímulos previos y de las consecuencias ambientales. Quizás lo que más llame la atención del enfoque skineriano ha sido la consideración que hace en relación a los eventos privados en contraposición de los fenómenos mentales. Ahora, para Skinner (1977; 1991), hablar de eventos privados no significa la aceptación de un mundo interno distinto al externo, sino más bien, se trata un mundo con las mismas características físicas del mundo externo y que se rige por las mismas leyes del comportamiento. A partir de estas afirmaciones, el conductismo rompe por primera vez de forma tan clara con el fantasma del dualismo y declara su posición monista. Casalta
(1981) la posición de la siguiente manera: El conductismo radical de Skinner establece que para que respondamos discriminativamente ante el mundo son necesarias contingencias de reforzamiento: aquellas contempladas en el proceso de reforzamiento diferencial. Por ejemplo, nombrar adecuadamente un color es seguido por el reforzamiento positivo, y el hacerlo inadecuadamente, por la extinción. No se discriminará entre colores distintos, es decir, no se verán ambos colores como diferentes, hasta que la comunidad verbal no refuerce diferencialmente a la conducta. Ello, por supuesto, no implicará que “nombremos” el color; requiere que simplemente aprendamos a responder de manera diferente, ante diferentes estímulos y la respuesta seleccionada puede ser cualquiera –verbal u otra- . Este mismo proceso se necesita para notar estados diferentes dentro del propio organismo (p. 131). Es
decir, que lo que yo describa como mi experiencia interna, siempre
dependerá de la comunidad verbal, del consenso. Un ejemplo ilustrativo
de ello puede ser el reporte verbal que damos cuando estamos deprimidos:
hay una serie de sensaciones fisiológicas que eventualmente las
traducimos en palabras; esas sensaciones del estado depresivo serán válidas
en la medida que mi comunidad verbal las refuerce. Skinner (1977): Ha
aprendido a describir un estímulo privado con una precisión que
solamente depende del grado en que concuerdan los hechos privados y los
públicos (p. 31). Esta posición de Skinner es altamente ambientalista en el sentido de que las diferencias entre culturas, y sus maneras de pensar y de describir sus eventos privados, van a depender de sus comunidades verbales. Aunque
habría muchas cosas más que destacar del conductismo skineriano, esta
que acabamos de mencionar es la de mayor trascendencia a la hora de
analizar el paso de un conductismo metodológico a un conductismo
radica, pero sobre todo observar, que la salida epistemológica de
Skinner a los eventos privados, permiten hablar de una disciplina
totalmente desligada del dualismo, y con un estatus de ciencia del
comportamiento. IV Iniciábamos este ensayo mencionando el camino tan irregular que ha transitado la psicología en la búsqueda de su consolidación como ciencia, y además indicábamos que ante el surgimiento y desarrollo de cada paradigma, no faltaban posiciones teóricas que tarde o temprano le indicasen sus deficiencias. Es así como el conductismo skineriano propinó en su momento duras críticas al conductismo metodológico. Críticas que en definitiva eran necesarias para el avance de la psicología. Pero también es cierto que el conductismo skineriano no ha escapado de esas críticas que, en caso de no ser superadas, podrían marcar su desaparición y generar el desarrollo de nuevos paradigmas dentro del conductismo. Pareciera difícil de creer, pero evidentemente, la mayor de las críticas, va orientada fundamentalmente al mismo aspecto que originalmente el conductismo skineriano señaló a sus antecesores: el dualismo mente-cuerpo. Ribes (1990; 1994), ha sido uno de los principales críticos al conductismo skineriano; refiriéndose a la conducta verbal, menciona una de las razones que evidencia la presencia del dualismo dentro del conductismo. Postula que los eventos privados siempre han estado ahí, y que el proceso de sociabilización con la comunidad verbal se ha concebido como un entrenamiento para reportar públicamente los eventos privados, en consecuencia se podría plantear la pre-existencia del evento privado al reporte lingüístico que se hace a la comunidad verbal. Ribes (1982) en un artículo anterior lo plantea de la siguiente manera: El aspecto central se refiere a la existencia misma del evento privado como evento psicológico, previo a la interacción que permite designarlo, y por consiguiente, otorgarle función de evento, o en palabras mentalistas, “contenido de la experiencia” (p. 31)
Es posible que dentro de no mucho tiempo, la comunidad de conductistas deba admitir o refutar las críticas que le asignan evidencias dualistas en el desarrollo de la disciplina y así, tal vez regresar, al ya acostumbrado camino irregular de la psicología que se caracteriza por subir, bajar o mantenerse estable, y del cual no estamos seguros si hemos salido perjudicado o beneficiado. La intención en este apartado no ha sido profundizar en el desarrollo de las críticas al conductismo skineriano, sino más bien mostrar finalmente, que ni siquiera los modelos que en algún momento parecieron “ideales”, escapan de problemas de índole ontológicos y epistemológicos. El problema fundamental, y creo haberlo señalado constantemente en este ensayo, lo constituye el dualismo o los eventos internos. A partir de ellos hemos pasado de una psicología funcionalista a otra de denominada conductista. Posteriormente, y también debido a su influencia, hemos transitado por un conductismo metodológico, radical e interconductual. Evidentemente que tratándose de aspectos ontológicos y epistemológicos, su final resolución tendrá un impacto importante en área importantes que se desprenden del conductismo radical como son el Análisis conductual, y el Análisis conductual aplicado. |
Referencias bibliográficas |
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