A. Una definición general
En un sentido amplio, el AF consiste en establecer relaciones funcionales entre
variables. Vamos a explicar estos términos. Variable es todo aquello que varía
en algún parámetro (cantidad, frecuencia, tipo, etc.). Esta variación puede
constar de dos (presencia-ausencia) o más valores (por ej., frecuencia de una
conducta, edad, cantidad de glucosa en sangre).
Para evitar las dificultades del concepto de "causa", se suele
utilizar el de relación funcional (RF), que incluye y excede al primero. Una
relación funcional implica sólo covariación entre variables, implica que
algún parámetro (frecuencia, magnitud, duración, etc.) de una variable está
asociado con algún parámetro de otra variable. Otra forma de decirlo es que
las variables están funcionalmente relacionadas cuando tienen una relación
matemática. La relación funcional no implica causalidad. Por ejemplo, en la
ecuación E=mc2 se establece una RF entre la energía y la velocidad de la luz,
sin implicar que una cause a la otra. Además, las relaciones temporales y
direccionales no precisan ser especificadas en las relaciones funcionales, pero
sí en las relaciones causales.
Hay muchos tipos de RF. Algunas variables funcionales son causales, otras son
correlacionales pero no causales. Algunas son controlables (por ej., habilidades
sociales), otras no (por ej., género). Algunas relaciones funcionales son
importantes (explican una importante proporción de variancia) y otras son
triviales. Las RF son probabilísticas más que deterministas, ya que suelen
haber variables funcionales no medidas y errores de medición. Las RF no son
exclusivas: puede haber otras variables que afecten una variable. Las RF son
transitorias: pueden variar con el
tiempo.
Las RF tienen dominios de operación: ocurren dadas ciertas condiciones.
B. Una definición específica
En un sentido estricto, el AFC consiste en identificar un subconjunto de las
variables funcionales (aquellas que sean importantes, controlables y causales)
cuya manipulación resulte en un cambio clínicamente significativo de una
determinada conducta (o conjunto de conductas) en una persona (o conjunto de
personas) particular.
1. En muchos casos, el AFC ha recibido definiciones confusas e inconsistentes y
no se ha diferenciado adecuadamente de otros términos. En otros casos se ha
restringido su uso a ciertos métodos (por ej., manipulación de VI), o a clases
de variable (por ej., consecuencias contingentes a la conducta), lo cual limita
la posibilidad de usar otros métodos y otras clases de variables en un AFC.
Conviene diferenciar el
AFC de la evaluación conductual. El AFC es sólo uno de los muchos objetivos de
la evaluación conductual (identificar las conductas relevantes, diseñar el
programa de intervención, etc.). La evaluación conductual incluye diversos
métodos (observación directa, auto-registro, entrevista, etc.). El AFC no es
un método más, es un producto de esos métodos de evaluación conductual.
2. Sólo algunas de las variables funcionalmente relacionadas con la conducta
especificada serán importantes, controlables y causales. El AFC en sentido
estricto deja afuera variables causales importantes para la explicación de una
conducta que no son controlables. Por ejemplo, un trauma infantil por abuso
sexual puede ser una variable importante y causal, pero no es controlable. Sólo
podrán ser foco de intervención las variables que cumplan las 3 condiciones:
ser importantes (dar cuenta de una importante proporción de la variación de la
VD), ser controlables (poder ser manipuladas por el terapeuta o por el
paciente), y ser causales (su variación conduciría a un cambio en la VD). El
AFC no descarta en principio ningún "tipo" de variable controladora
(ya sea fisiológica, social o ambiental), con tal que cumpla esas condiciones.
3. El AFC puede realizarse con una conducta-problema o con una
conducta-objetivo. Usualmente el AFC identifica las RF de la conducta-problema,
pero a veces la estrategia de intervención se focaliza en promover alternativas
positivas (conducta-objetivo). En tal caso el tratamiento no se basa en la
manipulación de las variables que actualmente mantienen la conducta-problema
sino en un AF de la conducta-objetivo, en base al cual el terapeuta presume que
la manipulación de ciertas variables resultará en ciertos cambios
conductuales. Por ejemplo, un AFC puede dar cuenta de un déficit de habilidades
o focalizar en la adquisición de habilidades nuevas. Ambos AFC pueden
identificar diferentes variables.
4. Un AFC puede analizar también los efectos asociados con los cambios en la
conducta-problema que ocurrirán en el tratamiento. La conducta-problema se
considera VD, pero puede a su vez ser variable causal para otras conductas (por
ejemplo mejorar la relación de pareja de un paciente puede influir en su
depresión y en su consumo de alcohol).
5. Es importante determinar la fuerza y la dirección de las relaciones
causales, así como las relaciones entre distintas variables causales, porque de
ello depende las variables que serán foco de intervención. Por ejemplo, las
conductas depresivas de un paciente pueden ser función de interacciones de
pareja aversivas y de una baja confianza en sí mismo, y a la vez las
interacciones de pareja pueden funcionar como variables causales para la baja
autoconfianza en sí mismo.
6. También es importante tener en cuenta que las RF pueden establecerse en
distintos niveles. Respecto al nivel conductual, existen niveles micro (factores
fisiológicos, farmacológicos) y macro (factores sociales, culturales,
históricos). Los distintos niveles son válidos y útiles según la intención:
el nivel más adecuado depende de su uso. Por ejemplo los problemas de pareja
pueden relacionarse con variables de nivel social (ej., pautas culturales y
étnicas) que pueden ser útiles para el sociólogo, y con variables de nivel
conductual (ej., número de interrupciones en un ejercicio de comunicación) que
pueden ser útiles para el terapeuta. A su vez, la descripción a nivel
conductual puede hacerse con categorías más globales ("interacción de
pareja aversiva") o analizarse en variables más detalladas ("hacer
comentarios sarcásticos", "criticar a la pareja en público").
7. El AFC surge a partir de dos cuestiones: a) las críticas al abordaje
estructural como forma de entender los problemas de conducta, y b) dificultades
propias del concepto de causalidad. A continuación se detallan ambos temas.
C. ¿Qué son el abordaje estructural y el
DSM-IV?
El abordaje estructural proviene del modelo médico de la psiquiatría, que
consideraba a las conductas como síntomas de una enfermedad
mental subyacente. En la actualidad, este abordaje está representado por
el DSM 4 (Diagnostic and Stadistical Manual), que es una taxonomía de
trastornos (disorders). Los síntomas se evalúan agrupados en clusters según
su covariación topográfica ("topográfica" significa que se
categoriza a la conducta por su apariencia, se opone a "funcional" que
implica analizar qué variables controlan esa conducta). Se interpreta esa
covariación como evidencia de que existe una variable subyacente que no se mide
en forma directa.
En oposición a esto, el abordaje funcional se focaliza en la covariación entre
la topografía y las posibles variables controladoras (causales). La
covariación topográfica sólo es significativa cuando se identifican sus
variables controladoras.
Podemos verlo con un ejemplo. Desde el abordaje estructural, se consideraría
que la conducta de un paciente al cual se diagnostica fobia social
es provocada por cierto modo de funcionamiento cerebral que le impide
desarrollar una función adaptativa (tener ciertas relaciones interpersonales).
Desde el abordaje funcional diríamos que esta persona tiene conductas fóbicas
en situaciones sociales, pero nunca diríamos que "tiene fobia
social". Podríamos encontrar que dos pacientes tienen la misma
topografía, uno de ellos porque aprendió pocas habilidades sociales y el otro
porque teme que le critiquen: el tratamiento será totalmente distinto (en el
primer caso se buscará entrenar habilidades, y en el segundo se buscará
desensibilizar a las críticas).
El AFC es idiográfico (crear un modelo de las relaciones causales de ciertas
conductas de un individuo determinado) más que nomotético (crear un modelo
general de las relaciones causales de ciertas conductas a partir de los datos
obtenidos con distintos individuos). Los análisis nomotéticos se construyen
para un número de casos individuales o ejemplos del modelo, cada uno de los
cuales tiene vías causales únicas. Por ejemplo, un modelo causal nomotético
de la actitud juvenil agresiva puede establecer que la escasa disciplina de los
padres es una variable causal importante, pero no siempre se aplicará a los
casos individuales donde otros factores pueden ser operativos.
Lo más probable es que los AF de las mismas conductas en distintas personas
tengan muchas diferencias en las variables causales identificadas. Los modelos
nomotéticos se basan en medidas múltiples y en muestreos de muchos sujetos.
Sólo aportan al terapeuta un conjunto de posibles variables causales, que
pueden ser operativas o no en un sujeto particular. La utilidad de tales modelos
es sugerir qué foco de evaluación tiene más probabilidad de generar un AF
válido para un paciente una conducta particular, pero no puede eliminar la
necesidad de un AF individualizado previo a la intervención.
La función del AFC consiste en establecer las posibles relaciones causales para
luego elegir la intervención adecuada al caso particular. Un tratamiento está
basado en un AFC si la decisión de qué variables e intervenciones se
aplicarán se basa en los datos
recolectados previamente, los cuales sugerían que esas variables tenían un rol
causal. En caso contrario, si la decisión sobre qué intervención hacer se
basa en una relación funcional hipotetizada, pero no testeada, entre ciertas VI
y la conducta-problema, entonces el tratamiento se basa en un modelo nomotético
de la conducta-problema. Haynes y O´Brien encuentran (en un muestreo de casos
publicados entre 1985 y 1988) que sólo un 20% de tratamientos se basa en un
AFC, y que esto implica una menor sensibilidad a las diferencias individuales,
en perjuicio de la efectividad del tratamiento.
D. Las dificultades para establecer una relación causal
Una hipótesis plantea cierta relación funcional entre variables. Tal relación
puede ser causal (una variable tiene efecto sobre otra) o correlacional (las
variaciones de una se relacionan con las variaciones de otra). Cuando no se
logra establecer una relación causal, la RF es correlacional. En una hipótesis
que afirma una relación causal, la variable que se supone causa y que el
investigador manipula se denomina variable independiente, y la que se supone
efecto, se denomina variable dependiente.
Una variable causal es una variable funcional cuya modificación conduce (o
conduciría) a un cambio en un parámetro (probabilidad, magnitud, frecuencia)
de determinada variable dependiente. Las variables causales pueden ser
iniciadoras o mantenedoras de una conducta. No precisan ser necesarias,
suficientes, exclusivas ni modificables. Toda variable causal es variable
funcional, pero no toda variable funcional es causal.
Cuando queremos identificar si el cambio de una variable causa cambios en otra
variable, debemos modificar los valores de la primera y registrar si los valores
de la segunda se modifican en consecuencia. A la segunda se la llama variable
dependiente (VD, pues su variación depende del cambio de la otra variable), y a
la primera se la llama variable independiente (VI, pues su cambio no depende de
la segunda variable, sino que es manipulada por el investigador).
La
hipótesis causal se resume como: VI -> VD ("la manipulación de la VI
causa la variación de la VD").
A la vez, existen otras variables que podrían explicar el cambio de la VD y que
podrían generar hipótesis rivales ("la variación de VD no se debe a VI
sino a la variable X"). Las variables que compiten con la VI en la
explicación de la variación de la VD se denominan variables extrañas (VE).
Para establecer que es la VI la que causa la variación registrada, es necesario
eliminar la influencia de las VE como factor
explicativo. Esto se denomina "controlar las VE", y se logra
manteniendo constante el valor de la VE (por lo cual si la VD varía, no se debe
a esa VE), o por asignación al azar (se reparte de manera equivalente la
influencia de la VE).
A pesar de las dificultades con el concepto de causalidad, las RF más
relevantes en el AFC son las que responden a la definición más restringida de
relaciones causales.
La relación causal tiene 3 requisitos: probabilidad condicional, precedencia de
la variable causal, exclusión de explicaciones alternativas. Si no se satisface
alguna de estas 3 condiciones, no se puede discriminar si la relación es causal
o simplemente
correlacional.
Probabilidad
condicional: si Y está causalmente relacionada con X, la probabilidad de cambio
en Y dado un cambio en X (probabilidad condicional) debe ser diferente que su
probabilidad de base (probabilidad incondicional. Esto subyace a métodos de
evaluación como el auto-registro, cuestionarios y entrevistas (cuando se busca
la probabilidad de distintas conductas en diferentes condiciones).
Precedencia: es más dificil de establecer, se debe probar que el cambio en la
causa precede al cambio en la VD. Esto requiere o bien manipular la VI (diseños
ABAB), o hacer múltiples medidas en largos períodos de tiempo.
Exclusión de explicaciones alternativas: consiste en el control de VE para
eliminar su influencia como factor explicativo.
Los métodos de evaluación más comunes (cuestionarios, observación,
auto-registro) sólo permiten realizar inferencias causales tentativas, porque
es dificil establecer la precedencia temporal. Los métodos más efectivos para
establecer relaciones causales son aquellos que incluyen manipulación de VI y
control de VE (por ejemplo, diseños ABAB), pero suelen ser costosos y a veces
inaplicables por cuestiones éticas.
Existe una relación inversa entre estos dos aspectos: los métodos de mayor
rigor experimental pueden ser prohibitivos por su costo en tiempo y por factores
éticos, mientras que los métodos de evaluación más rápidos y económicos no
permiten diferenciar relaciones causales y correlacionales.
Los reportes subjetivos en las entrevistas y los tests (por ejemplo, preguntar a
los padres por la conducta de sus hijos, o a un paciente por su conducta
habitual en diferentes contextos) pueden resultar más o menos fiables como
indicadores de la conducta referida (es importante tener presente que los
reportes subjetivos registran la conducta verbal, que puede relacionarse de
diversas maneras con la conducta referida). Se obtiene una mayor precisión
mediante la observación conductual directa (ya sea en situaciones provocadas
por el terapeuta, o con registros de conducta entre
sesiones). Los llamados "tests proyectivos" responden ya desde su base
teórica a un abordaje nomotético, contrario a los objetivos idiográficos del
AFC.
E. Construcción de modelos funcionales de conducta
Un recurso para clarificar el AFC es construir modelos funcionales de la
conducta. Estos modelos permiten graficar los resultados del AFC, y enlazar esos
resultados con el diseño de intervenciones. Consisten en representar
gráficamente las distintas variables con sus relaciones: causal fuerte o débil
(esto es su importancia, el grado en que explica la variancia), causal
bidireccional, correlacional. Permiten representar fenómenos como las causas
múltiples, la causalidad circular, las vías causales múltiples (por ejemplo,
hay varias vías por las cuales la relajación puede reducir el reporte de dolor
crónico), las condiciones (por ejemplo, ciertas variables sólo afectan en caso
de estar dadas ciertas condiciones, o afectan en determinado momento), nivel
crítico (por ejemplo, los estresores pueden afectar al sobrepasar cierto nivel,
que depende del individuo), relaciones causales mediadas (por ejemplo, las
peleas de pareja desencadenan pensamientos rumiatorios que a su vez mantienen un
insomnio). En un modelo funcional, se grafican las variables en juego, se
enlazan con vectores indicando el tipo de relación (causal fuerte o débil,
causal bidireccional, correlacional), se identifican cuáles son manipulables
(VI) y cuáles son VD. El diseño de intervención debe ser congruente con el
modelo: salvo que haya razón contraria, las conductas-problema y las variables
causales seleccionadas para intervención serán las que den cuenta de la mayor
proporción de variancia.
Es esperable que los modelos cambien en el proceso de evaluación e
intervención, por un lado porque se adquiere nueva información sobre
problemas, objetivos y relaciones causales, por otro porque las hipótesis
pueden no ser validadas por los resultados de la intervención, y además porque
las relaciones causales y su fuerza varían en la intervención y eso implica
redefinir las intervenciones.
Por último, también es preciso adecuar el nivel de análisis del modelo
funcional, usando clases de variable más generales o más detalladas según sea
necesario para cada propósito.
Para
concluir: realizar el AFC no es la única tarea del psicólogo, pero sí ocupa
un lugar central en su práctica, ya que le permite decidir qué variables se
manipularán para tratar ciertas conductas de un sujeto particular, basando tal
decisión en los datos previamente recolectados en ese sujeto particular (datos
de los cuales se infiere que esas variables y no otras son las que tienen un rol
causal para la conducta en cuestión) y en los conocimientos científicos
disponibles y relevantes, y a su vez permite modificar las hipótesis que guían
la intervención psicológica en función de sus resultados o de los cambios
ocurridos por el paso del tiempo. El AFC es central para fundamentar
racionalmente la toma de decisiones clínicas, y actúa como un constante nexo
entre la evaluación y la intervención, durante todo el tratamiento.
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